El olor a productos de limpieza me impregnó la nariz tan
pronto como puse un pie dentro de la clínica después de ver el Mini Cooper
alejarse por la carretera.
Dougie y yo nos habíamos quedado más tiempo del planeado en
su casa, para cuando volvimos a mirar el reloj nos quedaba sólo el tiempo
necesario para emprender el viaje de regreso, por lo que no pude pasar a
despedirme de Tom y Giovanna.
A pesar de la prisa Dougie no se olvido de mi medicación,
así que nos detuvimos en una estación de servicio dónde me compro una botella
de agua para que pudiera tomarla. Para mi suerte mientras él pagaba a la cajera
logré esconderla en el bolsillo trasero de mis jeans sin que lo notara. Ahora
que estaba de vuelta tenía que deshacerme de ella, en caso de que alguien
sospechara.
Rápidamente me encaminé hacia los baños que se encontraban
próximos al comedor, decidí tomar más precauciones esta vez. Sabía que no había cámaras en los baños, y al
ser público si alguien encontraba la pastilla no había forma de comprobar que
fuera mía, lo cual era un riesgo si usaba el baño privado de mi habitación.
Ni bien estuve dentro sentí un escalofrío subiendo por mi
espalda. La culpa que había estado tratando de enterrar en los rincones de mi subconsciente
me invadió haciendo que sintiera náuseas.
Le había mentido a Dougie, dos veces en un mismo día, y
había hecho que uno de sus mejores amigos me cubriera. Lo peor era que lo
había hecho bien, me había salido con la
mía. ¿Cómo podía ser tan egoísta?
Saqué la pequeña píldora blanca y la sostuve frente a mis
ojos. A pesar de su tamaño en esos momentos era un peso casi insoportable para
mí. Contuve las ganas de llorar, no ahí, estaba demasiado expuesta.
Caí en la cuenta de lo estúpido de mis actos, ¿cómo iba a
sacar la pastilla así?, ¿qué tal si entraba alguien?, ¿es que no me alcanzaba
con casi ser descubierta una sola vez? No alcancé a volver a guardar la
pastilla cuando una de las puertas de los cubículos se abrió.
Noté una cabellera rubia saliendo de este. Tardé unos
segundos en reconocer a Charlotte. Ciertamente se veía bastante mal, su piel
estaba amarillenta y tosía como si le faltara el aire.
Cuando se percató de que no estaba sola alzó la mirada
furiosa.
-¿Qué estás haciendo?- Inquirió con voz seca-
Tragué saliva algo asustada, sabía que era agresiva, pero
nunca la había visto en ese estado.
-Perdón, Lara – Se disculpó con un tono más suave – No te
reconocí-
-Eso mismo iba a decirte – Admití algo más relajada - ¿Estás
bien?-
La chica se acercó al lava manos y abrió el flujo de agua.
Aproveché su distracción para volver a guardar mi pastilla en el bolsillo de mi
pantalón.
-Ahora sí – Admitió mientras se llenaba su boca de agua y
hacía un pequeño buche.
Me quedé mirando en silencio. Ella continuó sin inmutarse,
volvió a enjuagarse la boca tres veces, luego lavó su rostro y sus manos y las
secó con papel. Para finalizar sacó una tableta de chicles de su bolsillo.
-¿Querés? – Ofreció.
Negué con la cabeza.
-¿No te gusta la menta? – Preguntó despreocupada mientras se
acomodaba la rubia cabellera- Es la mejor manera de tapar el mal aliento –
En ese momento algo hiso click en mi cabeza. La razón por la
que Charlotte había ingresado a la clínica, ‘trastorno alimenticio’, su casi
nula alimentación, la preocupación por el mal aliento.
-Charlotte estabas… - Me costó formular la pregunta, en
verdad no quería hacerla sentir incómoda - ¿Vomitando?-
Ella detuvo sus movimientos por una milésima de segundo,
supongo que no esperaba que fuera tan directa. De todas formas decidió ponerse
esa máscara de confianza que siempre usa, no quiere que sepa que es vulnerable,
que en realidad le afecta, pero no puedo culparla por eso.
-Papá llamo esta mañana – Explicó con una sonrisa que no le
llega a los ojos – Viene de visita en dos días, va a traer a mi hermano, Ethan –
-¿Hace mucho que no los ves?-
Ladeó la cabeza antes de responder – un par de meses, en
realidad esperaba que avisaran con más tiempo – Se quejó- Hubiera dejado de
comer antes para estar más linda, pero supongo que tengo que arreglármelas con
lo que tengo-
Contuve las ganas de fruncir el ceño ante sus comentarios,
la libertad con la que hablaba de su trastorno como si no fuera un problema me
dejo pasmada. -¿Cuánto empezaste con todo esto?-
-A los trece, después de que mi mamá murió, estaba empezando
la secundaria y todos me trataban diferente por eso – Sus ojos estaban clavados
en el espejo, pero ya no se estaba peinando, si no que examinaba su imagen – No
hay nada peor a que sientan lástima por uno, así que decidí que haría lo que
fuera necesario sacarme ese estigma-
-¿Y empezaste a vomitar?-
Charlotte clavó sus ojos, parecía ofendida- ¿Por qué todos
piensan que siempre se trata de la apariencia?-
Me encogí de hombros incapaz de brindarle una respuesta sincera.
-Es sobre la perfección Lara, no es sólo verse bien –
Explicó con voz altanera – Ethan había conseguido
una beca para la universidad gracias al fútbol, así que decidí que yo también
quería una. Sabía que no destacaba en ningún deporte, ni tampoco tenía notas
sobresalientes. Pero siempre me habían dicho que tenía una cara bonita, así que
hice lo que cualquiera hubiera hecho en mi lugar-
-¿Y eso es?-
-Sacarle provecho a mis puntos fuertes – Sentenció – La
hermana de una amiga había conseguido trabajo como modelo hacía poco, ella me
ayudó a conocer a la gente adecuada. Se
quedaron encantados conmigo, decían que tenía la ‘inocencia’ que estaban
buscando – Charlotte continúa narrando,
se acerca un poco más a mí – Por fin había encontrado algo en lo que era
buena, pero ser buena no era suficiente, necesitaba ser la mejor, sobresalir. La
perfección tiene sus sacrificios. Hablé con algunas chicas con más experiencia,
ellas me dieron algunos concejos-
Me mantuve en silencio al notar que su tono de voz cambio.
Ya no parecía enojada, ni frustrada. Al contrario, sonaba apesumbrada, como si
hubiera estado esperando la oportunidad para compartir esto desde hacía mucho
tiempo.
-La primera vez que vomité tenía 16, era mi cumpleaños y
papá había comprado una torta de chocolate gigante – Emitió una risa sarcástica
y clavó la vista en el suelo – Todavía no estoy segura de si realmente no había
notado que hacía casi dos años que ya no comía o si solamente se negaba a
aceptarlo-
Estiro la mano para colocarla en su hombro y darle ánimos - ¿Le
contaste al doctor sobre esto?-
Charlotte me miro estupefacta – ¡Por supuesto que no!, él no
entiende y aparentemente vos tampoco – Se alejó unos pasos de mí y apartó mi
mano – Si fuera deportista y me pasara horas encerradas en un gimnasio o
estudiante del cuadro de honor y estudiara de forma excesiva, nadie diría nada,
pero preocuparme por mi apariencia me vuelve una anoréxica superficial y
egoísta, ¿es eso justo?
-No estoy diciendo eso – Intenté calmarla – Pero esto no es
sano Charlotte, podrías lastimarte, ¿tenés alguna idea de lo que vomitar tan
seguido le hace a tu cuerpo?-
-No puedo creer que vos quieras aconsejarme – Replicó ponzoñosa
- ¿Por qué no te fijas en tus propias acciones?-
Me le quedé mirando confundida, sentí la pastilla quemándome
en el bolsillo de mis jeans.
Charlotte puso los ojos en blanco – No todos somos tan
idiotas como para no notar que no estás tomando tu medicación Lara – Me acusó -
¿No es eso por lo que estás acá?, ¿para deshacerse de la pastilla de la
alegría?-
Bajé la mirada avergonzada – No es lo mismo-
-Por favor, no seas hipócrita – Espetó a regañadientes.
Luego dio media vuelta y comenzó a alejarse.
Me quedé sentada incapaz de alzar la vista. Después de todo,
en cierto punto, sabía que Charlotte tenía razón. Pero simplemente no podía
evitarlo, siempre me resultó más fácil lidiar con los problemas ajenos en lugar
de los propios.
-Una cosa más – Dijo desde la puerta – Si vos hablas, te
hundo –
-Podes estar tranquila – Le aseguré – Soy una tumba-
La rubia asiente una vez antes de desaparecer completamente,
dejándome sola con mis remordimientos.
…
Los días siguientes avanzan con lentitud. El Domingo le da
paso al Lunes, luego el Martes.
Charlotte no vuelve a hablarme después de nuestra pequeña discusión en el baño.
Pero mantiene su palabra de guardar silencio y yo hago lo mismo.
El Miércoles, tal y como lo habían prometido, sus familiares
vienen a visitarla. Su padre tiene cabello canoso y aparente unos cuarenta y
tantos, Ethan en cambio tiene el cabello del mismo tono rubio platinado y una
musculatura envidiable, típica de deportista.
Ella parece contenta de verlos, no duda en correr a abrazarlos tan
pronto como los ve, creo que es la primera vez que la veo tan cariñosa, sin
embargo los huesos de su clavícula resaltan más ahora, supongo que es parte del
plan para estar ‘más linda’.
Después de la visita los ánimos se calman y para la cena
parece una persona completamente diferente. Incluso resigna algunos segundos de su tiempo
para preguntarme como estoy y veo que mordisquea un poco su comida, aunque no
se puede decir que coma realmente, es un
avance.
En cuanto a mí, bueno, no se puede decir que progresé
demasiado. Decidí aceptar el concejo de Charlotte y cambié mi táctica para
escaparme de la medicina, muy a mi pesar me estoy volviendo cada vez mejor y ya
casi lo hago de forma natural. Además el Doctor Lawson parece no notar nada.
La mañana del viernes amaneció lloviendo, pero yo sonreía porque sabía que Dougie vendría de visita y
eso era mejor que cientos de días soleados.
Me desperté antes de que Ben viniera a buscarme para
llevarme a la sala de recreación. Esta vez
quería tener tiempo para arreglarme.
Estaba terminando de retocar mi peinado cuando el enfermero
llamó a mi puerta y me indicó que lo siguiera.
Dando saltos de alegría avancé por el pasillo de paredes blancas hasta
distinguir la tan conocida cabellera rubia en uno de los sillones.
No tardé ni dos segundos en abalanzarme sobre él y
abrazarlo. Tan pronto como nuestros cuerpos entraron en contacto dejé que mi
nariz se impregnara con su perfume.
-Te extrañe- Dije con una sonrisa mientras él me depositaba
en el suelo-
Dougie se inclinó par besar mi mejilla –Yo también-
Ambos tomamos asiento en el sillón dónde él había estado
esperándome. Me senté en su regazo y dejé que jugara con algunos mechones sueltos
de mi peinado. Los segundos pasaron y él continuaba en silencio, era evidente
que algo andaba mal, pero temía preguntar.
-¿Pasa algo? – Inquirí cuando no pude soportarlo más.
-Tengo que decirte algo - El chico suspiró y me miró
directamente a los ojos- Pero no quiero-
Fruncí el ceño entre preocupada y confundida – Entonces no me
digas-
-Ignorarlo no va a hacer que desaparezca –
Preocupada hundí mi rostro en su pecho – Entonces decilo
rápido, así duele menos-
Dougie se acercó más y
susurró en mi oído – Tengo que dejarte-



