domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo 10

El olor a productos de limpieza me impregnó la nariz tan pronto como puse un pie dentro de la clínica después de ver el Mini Cooper alejarse por la carretera.
Dougie y yo nos habíamos quedado más tiempo del planeado en su casa, para cuando volvimos a mirar el reloj nos quedaba sólo el tiempo necesario para emprender el viaje de regreso, por lo que no pude pasar a despedirme de Tom y Giovanna.
A pesar de la prisa Dougie no se olvido de mi medicación, así que nos detuvimos en una estación de servicio dónde me compro una botella de agua para que pudiera tomarla. Para mi suerte mientras él pagaba a la cajera logré esconderla en el bolsillo trasero de mis jeans sin que lo notara. Ahora que estaba de vuelta tenía que deshacerme de ella, en caso de que alguien sospechara.
Rápidamente me encaminé hacia los baños que se encontraban próximos al comedor, decidí tomar más precauciones esta vez.  Sabía que no había cámaras en los baños, y al ser público si alguien encontraba la pastilla no había forma de comprobar que fuera mía, lo cual era un riesgo si usaba el baño privado de mi habitación.
Ni bien estuve dentro sentí un escalofrío subiendo por mi espalda. La culpa que había estado tratando de enterrar en los rincones de mi subconsciente me invadió haciendo que sintiera náuseas.
Le había mentido a Dougie, dos veces en un mismo día, y había hecho que uno de sus mejores amigos me cubriera. Lo peor era que lo había  hecho bien, me había salido con la mía. ¿Cómo podía ser tan egoísta?
Saqué la pequeña píldora blanca y la sostuve frente a mis ojos. A pesar de su tamaño en esos momentos era un peso casi insoportable para mí. Contuve las ganas de llorar, no ahí, estaba demasiado expuesta.
Caí en la cuenta de lo estúpido de mis actos, ¿cómo iba a sacar la pastilla así?, ¿qué tal si entraba alguien?, ¿es que no me alcanzaba con casi ser descubierta una sola vez? No alcancé a volver a guardar la pastilla cuando una de las puertas de los cubículos se abrió.
Noté una cabellera rubia saliendo de este. Tardé unos segundos en reconocer a Charlotte. Ciertamente se veía bastante mal, su piel estaba amarillenta y tosía como si le faltara el aire.
Cuando se percató de que no estaba sola alzó la mirada furiosa.
-¿Qué estás haciendo?- Inquirió con voz seca-
Tragué saliva algo asustada, sabía que era agresiva, pero nunca la había visto en ese estado.
-Perdón, Lara – Se disculpó con un tono más suave – No te reconocí-
-Eso mismo iba a decirte – Admití algo más relajada - ¿Estás bien?-
La chica se acercó al lava manos y abrió el flujo de agua. Aproveché su distracción para volver a guardar mi pastilla en el bolsillo de mi pantalón.
-Ahora sí – Admitió mientras se llenaba su boca de agua y hacía un pequeño buche.
Me quedé mirando en silencio. Ella continuó sin inmutarse, volvió a enjuagarse la boca tres veces, luego lavó su rostro y sus manos y las secó con papel. Para finalizar sacó una tableta de chicles de su bolsillo.
-¿Querés? – Ofreció.
Negué con la cabeza.
-¿No te gusta la menta? – Preguntó despreocupada mientras se acomodaba la rubia cabellera- Es la mejor manera de tapar el mal aliento –
En ese momento algo hiso click en mi cabeza. La razón por la que Charlotte había ingresado a la clínica, ‘trastorno alimenticio’, su casi nula alimentación, la preocupación por el mal aliento.
-Charlotte estabas… - Me costó formular la pregunta, en verdad no quería hacerla sentir incómoda - ¿Vomitando?-
Ella detuvo sus movimientos por una milésima de segundo, supongo que no esperaba que fuera tan directa. De todas formas decidió ponerse esa máscara de confianza que siempre usa, no quiere que sepa que es vulnerable, que en realidad le afecta, pero no puedo culparla por eso.
-Papá llamo esta mañana – Explicó con una sonrisa que no le llega a los ojos – Viene de visita en dos días, va a traer a mi hermano, Ethan –
-¿Hace mucho que no los ves?-
Ladeó la cabeza antes de responder – un par de meses, en realidad esperaba que avisaran con más tiempo – Se quejó- Hubiera dejado de comer antes para estar más linda, pero supongo que tengo que arreglármelas con lo que tengo-
Contuve las ganas de fruncir el ceño ante sus comentarios, la libertad con la que hablaba de su trastorno como si no fuera un problema me dejo pasmada. -¿Cuánto empezaste con todo esto?-
-A los trece, después de que mi mamá murió, estaba empezando la secundaria y todos me trataban diferente por eso – Sus ojos estaban clavados en el espejo, pero ya no se estaba peinando, si no que examinaba su imagen – No hay nada peor a que sientan lástima por uno, así que decidí que haría lo que fuera necesario sacarme ese estigma-
-¿Y empezaste a vomitar?-
Charlotte clavó sus ojos, parecía ofendida- ¿Por qué todos piensan que siempre se trata de la apariencia?-
Me encogí de hombros incapaz de brindarle una respuesta sincera.
-Es sobre la perfección Lara, no es sólo verse bien – Explicó con voz altanera –  Ethan había conseguido una beca para la universidad gracias al fútbol, así que decidí que yo también quería una. Sabía que no destacaba en ningún deporte, ni tampoco tenía notas sobresalientes. Pero siempre me habían dicho que tenía una cara bonita, así que hice lo que cualquiera hubiera hecho en mi lugar-
-¿Y eso es?-
-Sacarle provecho a mis puntos fuertes – Sentenció – La hermana de una amiga había conseguido trabajo como modelo hacía poco, ella me ayudó a  conocer a la gente adecuada. Se quedaron encantados conmigo, decían que tenía la ‘inocencia’ que estaban buscando – Charlotte continúa narrando,  se acerca un poco más a mí – Por fin había encontrado algo en lo que era buena, pero ser buena no era suficiente, necesitaba ser la mejor, sobresalir. La perfección tiene sus sacrificios. Hablé con algunas chicas con más experiencia, ellas me  dieron algunos concejos-
Me mantuve en silencio al notar que su tono de voz cambio. Ya no parecía enojada, ni frustrada. Al contrario, sonaba apesumbrada, como si hubiera estado esperando la oportunidad para compartir esto desde hacía mucho tiempo.
-La primera vez que vomité tenía 16, era mi cumpleaños y papá había comprado una torta de chocolate gigante – Emitió una risa sarcástica y clavó la vista en el suelo – Todavía no estoy segura de si realmente no había notado que hacía casi dos años que ya no comía o si solamente se negaba a aceptarlo-
Estiro la mano para colocarla en su hombro y darle ánimos - ¿Le contaste al doctor sobre esto?-
Charlotte me miro estupefacta – ¡Por supuesto que no!, él no entiende y aparentemente vos tampoco – Se alejó unos pasos de mí y apartó mi mano – Si fuera deportista y me pasara horas encerradas en un gimnasio o estudiante del cuadro de honor y estudiara de forma excesiva, nadie diría nada, pero preocuparme por mi apariencia me vuelve una anoréxica superficial y egoísta, ¿es eso justo?
-No estoy diciendo eso – Intenté calmarla – Pero esto no es sano Charlotte, podrías lastimarte, ¿tenés alguna idea de lo que vomitar tan seguido le hace a tu cuerpo?-
-No puedo creer que vos quieras aconsejarme – Replicó ponzoñosa - ¿Por qué no te fijas en tus propias acciones?-
Me le quedé mirando confundida, sentí la pastilla quemándome en el bolsillo de mis jeans.
Charlotte puso los ojos en blanco – No todos somos tan idiotas como para no notar que no estás tomando tu medicación Lara – Me acusó - ¿No es eso por lo que estás acá?, ¿para deshacerse de la pastilla de la alegría?-
Bajé la mirada avergonzada – No es lo mismo-
-Por favor, no seas hipócrita – Espetó a regañadientes. Luego dio media vuelta y comenzó a alejarse.
Me quedé sentada incapaz de alzar la vista. Después de todo, en cierto punto, sabía que Charlotte tenía razón. Pero simplemente no podía evitarlo, siempre me resultó más fácil lidiar con los problemas ajenos en lugar de los propios.
-Una cosa más – Dijo desde la puerta – Si vos hablas, te hundo –
-Podes estar tranquila – Le  aseguré – Soy una tumba-
La rubia asiente una vez antes de desaparecer completamente, dejándome sola con mis remordimientos.
…
Los días siguientes avanzan con lentitud. El Domingo le da paso al Lunes,  luego el Martes. Charlotte no vuelve a hablarme después de nuestra pequeña discusión en el baño. Pero mantiene su palabra de guardar silencio y yo hago lo mismo.
El Miércoles, tal y como lo habían prometido, sus familiares vienen a visitarla. Su padre tiene cabello canoso y aparente unos cuarenta y tantos, Ethan en cambio tiene el cabello del mismo tono rubio platinado y una musculatura envidiable, típica de deportista.  Ella parece contenta de verlos, no duda en correr a abrazarlos tan pronto como los ve, creo que es la primera vez que la veo tan cariñosa, sin embargo los huesos de su clavícula resaltan más ahora, supongo que es parte del plan para estar ‘más linda’.
Después de la visita los ánimos se calman y para la cena parece una persona completamente diferente.  Incluso resigna algunos segundos de su tiempo para preguntarme como estoy y veo que mordisquea un poco su comida, aunque no se puede decir que coma realmente,  es un avance.
En cuanto a mí, bueno, no se puede decir que progresé demasiado. Decidí aceptar el concejo de Charlotte y cambié mi táctica para escaparme de la medicina, muy a mi pesar me estoy volviendo cada vez mejor y ya casi lo hago de forma natural. Además el Doctor Lawson parece no notar nada.
La mañana del viernes amaneció lloviendo, pero yo sonreía  porque sabía que Dougie vendría de visita y eso era mejor que cientos de días soleados.
Me desperté antes de que Ben viniera a buscarme para llevarme a la sala de recreación. Esta vez  quería tener tiempo para arreglarme.
Estaba terminando de retocar mi peinado cuando el enfermero llamó a mi puerta y me indicó que lo siguiera.
Dando saltos de alegría avancé  por el pasillo de paredes blancas hasta distinguir la tan conocida cabellera rubia en uno de los sillones.
No tardé ni dos segundos en abalanzarme sobre él y abrazarlo. Tan pronto como nuestros cuerpos entraron en contacto dejé que mi nariz se impregnara con su perfume.
-Te extrañe- Dije con una sonrisa mientras él me depositaba en el suelo-
Dougie se inclinó par besar mi mejilla –Yo también-
Ambos tomamos asiento en el sillón dónde él había estado esperándome. Me senté en su regazo y dejé que jugara con algunos mechones sueltos de mi peinado. Los segundos pasaron y él continuaba en silencio, era evidente que algo andaba mal, pero temía preguntar.
-¿Pasa algo? – Inquirí cuando no pude soportarlo más.
-Tengo que decirte algo - El chico suspiró y me miró directamente a los ojos- Pero no quiero-
Fruncí el ceño entre preocupada y confundida – Entonces no me digas-
-Ignorarlo no va a hacer que desaparezca –
Preocupada hundí mi rostro en su pecho – Entonces decilo rápido, así duele menos-

Dougie se acercó más y  susurró en mi oído – Tengo que dejarte-

jueves, 26 de septiembre de 2013

Capítulo 9

Pareció que el chico tardó horas en responder. Pero cuando finalmente abrió la boca sentí que todo había
terminado. Lo había arruinado, perfecto.
-Deberías confiar en ella – Dijo con tono indiferente.
Dougie, quién parecía ajeno a todo lo que sucedía, le dedicó una sonrisa a su amigo y se volteó para besar mi mejilla – Tenés razón.
Asiendo uso de todo mi autocontrol le dediqué una sonrisa que se me hizo algo falsa.
-Voy a seguir ayudando a los demás – Se disculpó Tom antes de salir por dónde había entrado.
Largué el aire que había estado conteniendo. Tom me había cubierto, por ahora, ¿cuánto duraría?, ¿le contaría a Dougie la verdad tan pronto como yo volviera a Priory?
-¿Me ayudarías con la otra fuente? – Dougie interrumpió mis pensamientos.
Como pude asentí y tomé el boul de vidrio que reposaba en la mesada junto al vaso con agua y lo seguí al comedor, dónde los demás nos esperaban.
Durante el almuerzo todo transcurrió de forma normal. Ni Tom ni Dougie volvieron a sacar el tema de mi medicación. Es más, Tom parecía haber olvidado todo el asunto, actuaba como si nada, cosa que le salía perfectamente. A diferencia mía, que no podía dejar de golpear los dedos contra la mesa.
En cierto momento sentí que alguien me daba una ligera patada en el tobillo izquierdo. Confundida alcé la vista y me encontré con la mirada alterada de Tom. Él estaba sentado frente a mí, junto a Gi. Danny y Harry había ocupado los lugares en la punta y Dougie descansaba a mi lado.
Disimuladamente le hice señas para indicarle que lo estaba intentando. Aunque, ahora que sabía que él no diría nada, logré calmar a mi intranquila conciencia.
Después de almorzar Giovanna fue a la cocina y trajo el paquete que  Danny y Harry habían comprado. Una vez que le quitaron el envoltorio a mis ojos había un exquisito Chese Cake.
-Doug dice que es tu favorito – Explicó Giovanna.
Danny emitió una sonora carcajada - ¿No es tierno?-
Enrojecí al notar que los ojos de todos estaban clavados en mí.
-Lo es- Admití con un hilo de voz – No tenían que tomarse tantas  molestias por mí- Añadí y luego entrelacé mi mano con la de Dougie bajo la mesa.
Él me dedicó una sonrisa.
-No es molestia – Me tranquilizó Harry – Además, es divertido ver a Doug haciendo ojitos cada vez que te menciona-
El rubio carraspeo - ¿Ya terminaron de ponerme en vergüenza?-
-Pff, por supuesto que no – Le advirtió el pecoso – Tenemos toda la tarde para molestarte, ¿no es cierto Harry?-
Estiré la mano para tomar la porción que Giovanna me tendía mientras el aludido asentía.
-En realidad – Comenzó a decir el chico rubio – Pensaba llevar a Lara a conocer mi casa-
Giovanna, quién ya había terminado de  servir retomó su lugar junto a Tom – Suena estupendo, aunque, creí que todavía no estaba lista-
-No lo está – Confirmó él – Todavía tengo que comprar los cuadros y esas cosas-
-Hablando de cuadros – Intervino Danny –Lara, Doug dice que sos artista-
El comentario me tomó tan desprevenida que me vi obligada a tomar un trago de agua para no atragantarme.
-Estudio Historia del Arte en Oxford –
-Ella podría ayudarte – Propuso Tom, quién hasta entonces se había mantenido en silencio –
Su novia pareció entusiasmada ante la idea - ¡Podrías pintar algunos cuadros! Estoy segura de que sos muy buena-
Otra vez el color rojo subiendo por mi cara, era como la décima vez en un solo día.
Harry también acotó-¿Qué  decís Doug?-
-Por mi encantado - Respondió con voz tenue -¿Harías los honores?
-Puedo intentarlo – Acepté intentando sonar confiada al mismo tiempo que jugaba con las migajas de chesecake en mi plato – Hay algo que no entiendo…- Continué sin poder controlar mis palabras.
Los demás se me quedaron mirando expectantes.
-¿Cómo es que tenés casa pero no un auto propio?-
Todos rompieron a reír a carcajadas ante mi comentario.
…
Observé por la ventanilla del Mini Cooper de Tom como las casas avanzaban a nuestro alrededor.
Habíamos dejado la casa de Tom y Gi minutos antes para dirigirnos al hogar de Dougie.
Después de almorzar Harry y Danny se disculparon y se retiraron a sus respectivas casas. No sin antes despedirse y hacer algún que otro comentario para avergonzar a mi acompañante.
Una vez que ellos se fueron, nuestros anfitriones se abalanzaron sobre la mesa para recoger los platos sucios y comenzar a limpiar. Cuando quisimos ayudar dijeron que no era necesario, por lo que decidimos que lo mejor sería dejarlos tranquilos.
-¿Estás bien? – Inquirió el conductor a medida que iba disminuyendo la velocidad.
Algo cohibida logré contestar – Sí, ¿cuántas veces más vas a preguntarme?-
Ladeo la cabeza – Hasta que esté seguro –
-Estoy bien, en serio – Aseguré tomando su mano.
Él apretó la mía con fuerza aunque luego tuvo que soltarla para poder maniobrar y estacionar el coche.
Nos detuvimos frente una casa construida con ladrillo visto y techo a dos aguas. Un poco más similar a las construcciones del siglo XX que el siglo XXI si la memoria no me fallaba.  Tan pronto como estuvimos fuera examiné las otras casas del barrio.
-Es un lindo vecindario – Concluí-
Doug se encogió de hombros y miró a su alrededor – Supongo, la verdad es que nunca llegué a mantener una buena relación con mis vecinos-
Arqueé las cejas algo confundida aunque reconocí un tono amargo en su voz. Me adelanté un poco y tiré de su muñeca para entrar en la casa.
-Vamos –
Un poco más  animado tomó las llaves de su bolsillo y las colocó en el cerrojo de la puerta. Sentí el tintinear del metal chocando contra la puerta.
Tan pronto entramos sentí el olor a encierro chocar contra mis fosas nasales. Ciertamente la casa no estaba sucia, pero sí parecía como si nadie le hubiera habitado en meses.
Procuré fijarme en cada uno de los detalles que mis ojos eran capaces de captar. El primer cuarto en que estuvimos era una especie de living, con dos pares de sillones victorianos prolijamente alineados unos frente al otro y en el medio una mesita cafetera.
Continué avanzando hasta el comedor que estaba conectado con la cocina a través de una pequeña barra para desayunar.
-Es muy linda- Comenté con el tono más amistoso del que fui capaz.
Dougie dejó las llaves sobre la mesa del comedor, el ruido de estas retumbaron por todo el cuarto – Eso creo –
Me volteé para poder mirarlo. Estaba apoyado sobre la mesa con las dos manos, su voz seguía siendo distante.
-¿Qué hay arriba? – Inquirí al notar las escalaras a su espalda.
El chico giró la cabeza y luego clavó sus ojos en mí. Me dedicó una sonrisa fugas. –Veni-
Tal como yo lo había arrastrado a él al interior de la casa, él me arrastró a mí hasta la parte superior.
 Ni bien terminaba el último escalón había una especie de hall con más sillones del mismo estilo que los del living, pero individuales. En lugar de detenernos allí seguimos avanzando por el pasillo.
Segundos después mi cerebro logró atar los cabos sueltos y caí en la cuenta de que estábamos en su habitación. Las luces estaban apagadas, por lo que todo estaba en una oscuridad total. Sin embargo, en la penumbra logré divisar la silueta de lo que parecía una cama de dos plazas.
De pronto ya no sentí su mano alrededor de la mía y parecía que me había quedado sola en la negrura del cuarto.
-¿Doug? – Inquirí algo temerosa-
-Cerra los ojos – Me pidió una voz al otro lado del dormitorio-
-¿Cerrar los ojos? – Me quejé – Pero si está todo oscuro, ¿qué se supone que vea?-
Aunque no podía verlo supe que había puesto los ojos en blanco – No le tenés miedo a la oscuridad, ¿verdad?-
-No- Aseguré cruzándome de brazos algo ofendida.
Él lanzó un carcajada - ¿Confías en mí?-
Suspiré vencida- Está bien- Acepté cerrando mis párpados – Más te vale que no sea una broma-
La única respuesta que obtuve fue el ruido de lo que supuse serían persianas de madera abriéndose en un estrepitoso estruendo.
-Bien – Su voz parecía más cerca ahora. Iba a preguntarle donde estaba cuando sentí su brazo rodeando mi cintura.
Con cuidado avance unos pasos más hacia el norte, Dougie me guiaba para que no chocara con nada.
Por fin nos detuvimos a tan sólo unos metros. A pesar de que mis ojos estaban cerrados, podía sentir el calor de la luz solar chocando contra mi piel, algo pálida debido al encierro.
-Ya podes abrirlos –
Con calma y lentitud dejé que la luz penetrara en mis ojos. Al principio tuve que esforzarme para adaptarme a tanto brillo, pero una vez que mi vista volvió a la normalidad, pude apreciar el hermoso paisaje que se presentaba ante mí.
Se podían ver la casa más allá del vecindario, desde arriba, parecía como un dibujo sacado de un cuadro. Además, el cielo azul, tan poco visto en Londres, hacía un contraste maravilloso con los colores de los diferentes edificios. Más allá del horizonte se podía ver la ciudad que habíamos dejado atrás.
-Es hermoso- Dije cuando mi cuerpo volvió a responderme.
-Lo es – Convino él a mi lado. Su vista clavada en el paisaje, parecía completamente extasiado – Es la razón por la que me decidí a comprar la casa –
Apoyé mi cabeza en su hombro – Es bastante persuasivo debo admitir-
Dougie rió ante mi comentario – Me había olvidado de lo impactante que era-
-¿Cuándo fue la última vez que lo viste?-
Torció el labio mientras calculaba mentalmente – Un par de meses antes de bueno, ya sabes-
Asentí al comprender a lo que se estaba refiriendo, su última noche en casa era cuando había intentado suicidarse -¿Es la primera vez que volvés? Digo, después de eso.
-Si – Admitió – Después de esa noche me mude con Tom hasta entrar a Priory, todavía no me sentía listo para volver-
Hundí más el rostro en su hombro - ¿Estás bien?-
Dougie rodeó mi cintura con su brazo – Eso creo, pensé que todo iba a volver a la normalidad cuando saliera de la clínica pero – Se detuvo para tragar saliva – Es que, aunque nosotros no nos demos cuenta, la vida sigue, no espera a nadie. Es como si esos meses hubiera estado en pausa y ahora no estoy seguro de cómo volver a arrancar-
-Tal vez deberías tomártelo con calma- Propuse – Un paso a la vez, volver hoy ya es un avance-
Me dedico una media sonrisa – Me alegro de que hayas venido, sino no hubiera pasado más allá de los escalones de entrada-
A tientas busqué su mano para entrelazarla con la mía. Estaba contenta  de que decidiera compartir todo eso conmigo, que me demostrara que él también me necesitaba, que podía ayudarlo de alguna manera – Sabes que poder contar conmigo-
-¿Siempre?-

-Siempre – Convine.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Capítulo 8

Me dejé caer en el asiento del copiloto mientras Dougie ocupaba el lugar del conductor.
-¿Estás bien? – Inquirió mientras ponía el auto en marcha.
Oí el rugido del motor del mini Cooper azul y entre cerré los ojos.
-No creí que te gustaran este tipo de autos –
El chico se encogió de hombros –Es de Tom-
-¿No tenés auto propio? – Inquirí extrañada.
-No me gustan los autos – Respondió con total naturalidad - ¿Me vas a dejar por eso?
Suprimí una risa - ¿Ya estás queriendo deshacerte mí? Ni siquiera llegamos-
Dougie rió  - Todos estás emocionados por conocerte –
-No estás ayudando – Le advertí – Me acabas de recordar que estoy nerviosa –
-Les vas a encantar-
Me crucé de brazos - ¿Por qué estás tan seguro?-
-Porque a mí me encantas –
Me mordí el labio y me le quedé mirando. Él no volvió el rostro, supongo que estaba algo avergonzado por su comentario. Luego de unos instantes  de silencio incómodo subió el volumen de la música. Continuamos el trayecto al son de ‘Bad Before Good’
Me concentré en los latidos acompasados de mi corazón y observé el pasaje avanzando en el exterior del coche.
Teníamos unos cuarenta minutos de viaje hasta la casa de Tom. Una vez que llegáramos almorzaríamos con Giovanna, la novia de Tom, Danny y Harry, los otros dos miembros de la banda.
Había pasado una semana desde que Dougie me había contado de la invitación. Al principio la idea me entusiasmaba. Que quisiera presentarme a sus amigos, su banda. La expectativa de que nuestra relación pudiera ser algo serio me producía una sensación de escalofríos en todo el cuerpo.
Sin embargo  ahora tenía un nudo en el estómago, parecía aumentar cada vez que tragaba saliva. ¿Qué pasa si no les gustaba? Tendrían miles de motivos para no hacerlo, primero era una loca no recuperada, emocionalmente inestable, estudiante de arte  que ni siquiera conocían. Lo más probable es que pensaran que soy sólo una faceta, una etapa, el soporte que necesitaba para salir de Priory.  En cierto punto yo misma pensé en nuestra ‘relación’ como un punto de apoyo, pero definitivamente se me había ido de las manos. Después del vacío que sentí cuando él dejó la clínica y ante la idea de no volver a verlo me di cuenta de que sólo me estaba engañando. Lo necesitaba, lo necesito todavía ahora, había visto suficiente películas como para saber que este tipo de relaciones no terminan en nada bueno. Además, ¿hasta qué punto depende él de mí?, ¿qué va a pasar cuando ya no me necesite?
La música seguía sonando. Ahora escuchábamos a Ellie Gouldig. Cerré los ojos y me acurruqué más a en mi lugar, luchando para no quedarme dormida.
-¿Trajiste tus pastillas? – Inquirió Dougie arrancándome de mis pensamientos.
Algo grogui balbuceé algo parecido a un sí y rebusqué en mi bandolera de cuero sintético hasta dar con el frasco blanco y alargado – Acá – Anuncié enseñándoselo.
Él asintió y me dedico una sonrisa antes de volver a concentrarse en la carretera.
Sostuve el odioso tubo blanco en mis manos. Me pareció que pesaba una tonelada. Nunca lo había tenido, por lo general en la clínica Ben me traía las pastillas en un vasito descartable.
Suspire frustrada. A todos mis conflictos había que sumarle mi situación con el Doctor Lawson y las medicinas.
Para poder conseguir el permiso y salir, primero tenía que demostrar que era digna de confianza. Lo que suponía aceptar las pastillas asquerosas y mantener una conducta intachable. Esto último no me suponía un gran desafío, ahora que Dougie no estaba ya no me escapaba, y a Charlotte se le habían terminado los cigarrillos así que tampoco tenía que esconderme para acompañarla mientras ella envenenaba sus pulmones. Pero los anti sicóticos eran más complicados.
En un comienzo intenté tomarlos. Ben me ayudaba en la medida de sus posibilidades. Se quedaba cerca hasta que yo me las tragaba, mejor dicho fingía que las tragaba pero las escondía en el bolsillo trasero de mis pantalones para después tirarlas por el inodoro en la soledad de mi cuarto.
No podía hacerlo, por ningún motivo, bajo ninguna condición, de ninguna manera. Para empeorarlo todo tenía que pasar por toda esta rutina tres veces al día.  Hasta ahora me las había ingeniado, pero parecía que hoy iba a ser más complicado que nunca.
Al salir de Priory esa mañana Dougie le prometió a Ben que se encargaría de que tomara mis medicamentos antes de almorzar y a media tarde. Ya que volveríamos al anochecer si todo salía como lo planeado.
Agité el frasco en mi oído e intenté adivinar cuantas cápsulas contenía. Daba igual, posiblemente las tuvieran contadas, para estar seguros. O tal vez sólo estaba siendo paranoica.
Noté que el paisaje en el exterior iba cambiando. Los extensos campos algo desteñidos por el cambio de estación comenzaban a achicarse y se veían reemplazados por casas modernas y algo lujosas.
-Ya casi llegamos  - Anunció el conductor.
Sentí como si alguien me hubiera abofeteado en la cara – Genial –
Los metros restantes hasta la casa de Tom se me hicieron extremadamente cortos. Parecía como si Dougie estuviera conduciendo más rápido apropósito.
Acabamos deteniéndonos frente a una hermosa casa de color blanco. En el frente se apreciaban grandes ventanales y por sobre el techo se asomaban un par de árboles, pertenecientes al patio extenso que rodeaba la casa.
Cuando logré que mis piernas me respondieran tomé la mano que el chico rubio me tendía y salí del mini Cooper.
-¿Lista?- Preguntó Dougie por enésima vez en sus fallidos intentos por calmar mis nervios.
-No- Admití aterrada y lo dejé arrastrarme al interior de la casa.
Tan pronto como ingresamos un grupo de gatos vino a recibirnos por el pasillo que conectaba el hall con el resto de la casa
-Ya llegamos- Anunció Dougie mientras tomaba mi campera y la colgaba junto con la suya.
Me agaché y acaricié  a uno de los felinos. Tenía el pelaje de un color anaranjado. Me resulto realmente simpático.
-Parece que a Marvin ya le agradas – Comentó una voz femenina que avanzaba desde el pasillo.
Controlando el color rojo que amenazaba con subir por mis mejillas me puse de pié para saludar a  mi anfitriona.
-Él también me agrada – Admití en un tono de broma más convincente del esperado.
La chica de cabello cobrizo rió – Soy Giovanna, pero podes decirme Gi –
-Lara – Respondí con una sonrisa amistosa – Es un placer –
-No puedo creer que por fin te conozca – Exclamó y luego envolvió mis hombros con su brazo izquierdo y comenzó a guiarme hacia la sala contigua – Dougie no para de hablar de vos –
Genial, ahora sí estaba roja. ¿Qué clase de cosas les había contado sobre mí a estas personas?, ¿Qué pasa si no estaba a la altura de sus expectativas?
-Gracias Gi, estás haciendo exactamente lo que mi mamá haría – Se quejó el chico - ¿Vas a traer el álbum familiar de fotos ahora? ¿O es para después de cenar?-
Ambas reímos.
-Esto recién empieza – Le advirtió la chica.
Continuábamos riéndonos de las amenazas de Giovanna cuando  llegamos al living de la casa, que estaba conectado con el comedor y tenía una puerta que conducía a la cocina.
El interior y la decoración mantenían el mismo estilo que el frente de la casa. Minimalista y moderno, parecido a los libros de arquitectura del siglo XXI que había estado leyendo en mi  último semestre de la universidad.
-Tom – Chistó nuestra anfitriona al chico rubio sentado en el sillón que intentaba juntar las piezas de legos desparramadas sobre le mesa cafetera. Noté la caja en el suelo, junto a sus pies. Al parecer todas esas piezas deberían formar la Estrella Negra perteneciente a Star Wars. Aunque le quedaba bastante camino por recorrer.
Tom alzó la vista, llevaba unos anteojos que no recordaba haber visto el día en que lo conocí. Tardó unos segundo en reconectar con la realidad - ¡Lara! – Exclamó al reconocerme escondida detrás de su novia -¿Cómo estás?-
Antes de que pudiera responder me envolvió con un abrazo de bienvenida- Bien – Fue lo único que logré responder. El gesto me había tomado totalmente desprevenida. Pero siendo sincera me había calmado bastante.
-¿Dónde están Harry y Danny? – Inquirió Giovanna  - Se suponía que traerían el postre-
Un par de carcajadas masculinas fueron la respuesta que obtuvo. Casi como si los aludidos hubieran estado esperando el momento perfecto para su entrada.
-¡Se les va a caer!- La joven se acercó al más bajito de ellos, quién tenía cabello castaño oscuro y bastantes pecas en su rosto,  para tomar la caja de pastelería que sostenían con una sola mano.
-Tranquila – Respondió él  confiado  y estiró más la mano para que ella no pudiera tomar el paquete– Tengo todo controlado-
Giovanna puso los ojos en blanco e intentó alcanzarlo poniéndose en puntas de pie.
-Ya – Lo regañó el otro chico, que había estado mirando la escena en silencio. Luego se acercó, tomó el paquete y se lo entregó a la chica.
-Gracias Harry – Respondió ella con una sonrisa amistosa.
Harry se encogió de hombros, tenía cabello castaño peinado en una especie de hopo – No hay por qué, siempre es divertido molestar a Danny –
-Aguafiestas – Dijo el pecoso a regañadientes.
Detrás de mí Tom se aclaró la garganta – Tenemos visitas, ¿recuerdan?-
-Oh, claro – Exclamaron ambos al unísono al percatarse de mi presencia.
-Doug, ¿harías los honores? –
El rubio puse los ojos en blanco y se acercó más a mí.
-Lara, estos son Danny y Harry – Los presentó señalando a cada uno respectivamente.
-Es un placer – Respondí con un hilo de voz.
Danny tomó la iniciativa primero. Aún sonriendo realizó una pequeña reverencia y besó mi mano  - Estoy para serviros mi lady-
Sentí como el color rojo subía por mis mejillas y suprimí una risita histérica.
-La estás asustando – Lo regañó Harry mientras le daba un empujón y me besaba la mejilla a modo de saludo – Ignóralo, es un idiota la mayor parte del tiempo-
Los demás rieron y yo me les uní. Más por los nervios y la incomodidad que otra cosa.
Una vez que las cosas se calmaron Giovanna dijo que llevaría el postre a la cocina y les pidió a los demás que ayudaran a terminar de preparar la mesa.
Dougie tomó mi mano para que lo siguiera a la cocina.
-¿Podrían ayudarme con la ensalada? – Nos pidió ella mientras destapaba una de las ollas de la cocina y revolvía con una cuchara de madera.
-Claro- Respondimos y nos pusimos a trabajar.
Agradecí que me hubieran dado la única tarea en que la no podía hacer el ridículo. Ya que Dougie condimentaba y yo me limitaba a mirarlo medio embobada.
-Gi- Nos interrumpió Tom asomándose desde la cocina – ¿Podrías ayudarme? Danny está jugando con la vajilla otra vez-
-¡No es cierto!- Se defendió el acusado desde el comedor, segundos después se escucharon ruidos de cristal chocando contra cristal.
Giovanna suspiró aunque pude ver que una pequeña sonrisa se dibujaba en la comisura de sus labios. –Jones, más te vale que no hayas roto nada-
Rápidamente la pareja salió de la habitación dejándonos solos.
-Eso salió bastante bien – Comentó Dougie concentrado en la ensalada.
Ladeé la cabeza – Tus amigos son simpáticos-
-Y les agradas- Aclaró, luego alzó el rostro y examinó el reloj colgado en la pared de la cocina justo sobre mi cabeza - ¿Estás más tranquila ahora? – Preguntó mientras sacaba un vaso de la alacena y lo rellenaba con agua.
-Un poco – Admití.
Dougie depositó el vaso delante de mí – Deberías…

Asentí sin dejarlo terminar la oración – La medicación, está bien.
Con movimientos exageradamente lentos  abrí mi bandolera y saqué el frasco blanco, lo abrí y saqué una pequeña píldora del mismo color.
¿Qué hago ahora? Pensé al borde de la desesperación.
No quería tomarla, no después de todo lo que había logrado. No las necesitaba, ¿por qué nadie lo entendía? Podía lidiar con mis emociones como cualquier persona normal. Sin embargo, Dougie no iba a dejarlo pasar,  estaba haciendo todo lo posible por ‘ayudarme’. Aunque nuestros puntos de vista parecían no concordar, no quería decepcionarlo.
Tragué saliva y me volví a encontrar con el nudo en mi estómago.
-¡Doug! – Gritó Harry desde la cocina - ¿Podrías ayudarme?-
El rubio era reacio a dejarme.
-Voy es estar bien – Lo tranquilicé.
Finalmente accedió y dejó la cocina a regañadientes.
Rápidamente mi cerebro se puso a idear un plan. Podría volver en cualquier momento y yo ya tendría que haberme desecho de la medicación.
No podía ponerla en mi bolsillo,  era demasiado arriesgado, ¿dónde la tiraría después? Además, Dougie había pasado suficiente tiempo  en Priory como para conocer todas las tácticas de evasiva de los internos.
Mientras divagaba mis ojos se posaron sobre la pileta de la cocina.
¡Perfecto! Me felicité a mí misma.
Conteniendo las ganas de ponerme a dar saltitos de alegría abrí la canilla y dejé que el agua corriera. Intenté meter la pastilla por el agujero de la cañería, pero estos eran demasiado pequeños, debía esperar a que se disolviera un poco.
Exagerando los hechos podría decir que la maldita pastilla tardó horas en disolverse antes de desaparecer por la tubería junto con los restos de agua. Pero siendo sincera sólo fue cuestión de segundos.
La adrenalina corría por mi cuerpo y me aceleraba los latidos del corazón. La cabeza me debe vueltas y el nudo en mi estómago era pesado como una piedra. Por no mencionar a mi molesta conciencia que no paraba de molestarme.
Por fin la pastilla había reducido su tamaño lo suficiente. Incapaz de esperar a que corriera por si sola con el rimo de la corriente estiré la mano para empujarla con mi  dedo índice.
-Lara quería saber sí…- Tom no terminó la frase. Había entrado en la cocina cargando con un par de platos blancos de cerámica y me había encontrado con las manos en la masa.
Tragué saliva. Mierda, mierda, mierda
-Tom… - Empecé a decir con voz temblorosa  después de cerrar el flujo de agua, pero volvieron a interrumpirnos.
Dougie ingresó a la cocina con una sonrisa inocente dibujada en su rostro -¿Está todo en orden?- Inquirió al notar el aire de tensión entre su amigo y yo -¿Ya te tomaste la medicación?
Disimuladamente me sequé las manos en la parte delantera de mis jeans, mis ojos clavados en los de Tom – Ajá.
No satisfecho con mi respuesta Dougie se acercó para escudriñarme con la mirada - ¿Puedo confiar? – Preguntó en tono chistoso - ¿Tom que decís?, ¿vos la viste tomándola?-
Contuve el aliento. Mis ojos se abrieron como platos y se clavaron en los del chico con gafas frente a mí. ¿Sería Tom capaz de mentir por mí?

jueves, 12 de septiembre de 2013

Capítulo 7


Sentí el aire frío chocar contra mi piel mientras volvía a mi cuarto. Eran  alrededor de las 8 am, bastante más temprano de mi horario habitual para estar levantada, pero Tom iba a buscar a Dougie a primera hora esa mañana  y no podía dejarlo ir sin despedirme.
Tuve que hacer un esfuerzo sobre humano para no ponerme a llorar mientras me soltaba de su último abrazo. A pesar de que me había prometido que esto no era necesariamente un ‘adiós’, que volvería a visitarme siempre que pudiera, que cuando me dieran el alta íbamos a estar juntos.
Sonreí ante la perspectiva de tener una relación ‘normal’, pero para ser sincera, nosotros nunca íbamos a ser ‘normales’. Lo que es más, ¿qué me aseguraba que cuando Dougie saliera caminando por esa puerta y volviera a convivir con gente ‘normal’ no se olvidaría de mí? No podría culparlo por no volver, ¿qué podía ofrecerle yo? Una paciente mental y emocionalmente desequilibrada no es la mejor de las candidatas. Además él es músico, las chicas le deben sobrar a su alrededor. Tal vez soportaría un par de semanas, pero yo no podía prometerle nada más, las cosas con el Doctor Lawson iban de mal en peor.
De todas formas decidí guardarme todo esto para mí, no era momento para preocuparlo con mis estúpidas inseguridades. Este tenía que ser un día feliz para él. Por lo que puse mi mejor sonrisa y la mantuve cuando lo vi acercarse por el pasillo con su maleta en el costado izquierdo, cuando me presentó a Tom, quién me resultó sumamente simpático, cuando beso mi frente en un gesto tierno y me susurro al oído que me quería. Los pómulos comenzaban a dolerme cuando por fin la puerta se cerró. El sonido seco del metal chocando con el marco me retumbó en todo el cuerpo.
-Va a volver – Me tranquilizó Ben a mi lado.
Le dediqué una sonrisa al enfermero que tanto había apoyado a Dougie durante su estadía en Priory - ¿De verdad pensas eso?-
Ben tenía cabello castaño, con las primeras canas asomando. No parecía mayor de cuarenta, sin embargo sus ojos grises denotaban cansancio, como si la vida lo hubiera hecho más viejo.
-Por supuesto – Aseguró y comenzó a escoltarme a mi cuarto.
Estábamos pasando por el comedor cuando otro grupo de enfermeros se acercó a nosotros en su búsqueda. Al parecer un problema con recién llegado en el Ala Sur. Ben parecía reacio a dejarme sola, pero  le prometí que estaría bien, supongo que es normal que se preocupe por mí.
Lo observé marcharse antes de que unos golpes me distrajeran. Volteé y me encontré a un chico con rizos pateando un grupo de sillas.
-¡No funcionan!- Gritaba desesperadamente mientras embestía la mesa con sus puños.
Tragué saliva antes de hablar - ¿Josh?-
-¿Lara? – Su rostro empalideció al notar mi presencia - ¿Qué estás…
-Fui a despedir a Dougie – Expliqué.
Asintió con la cabeza mientras adoptaba una posición más erguida-¿Estás bien?-
-Es lo que iba a preguntarte, ¿qué está pasando?-
-No es nada – Intentó tranquilizarme pero noté la inseguridad en su tono – No te preocupes –
Me crucé de brazos y lo escudriñé con la mirada – Aja, claro-
El castaño puso los ojos en blanco – De verdad, no querés saber –
-Intenta –
-Bien – Aceptó y tomó asiento en una de las sillas que antes había estado golpeando.
Con lentitud me acerqué hacia dónde él estaba, intenté sentarme en la silla junto a Josh pero este me detuvo con un gesto de la mano.
-¿Te importaría? – Inquirió – Ese es el lugar de Claire –
Arqueé las cejas confundida - ¿Quién…?-
-Si bueno, la cosa con Claire es que… nadie puede verla, a parte de mí, claro –
Me mordí el labio al recordar el motivo por que habían traído al chico a la clínica en primer lugar. Esquizofrénico, ¿sería Claire una de sus alucinaciones?
-¿Cómo es? –  Pregunté cuando mi mente dejó de divagar.
Josh alzó la vista incrédulo, posiblemente esperaba que dejara de molestarlo después de lo que me había contado - ¿De verdad querés saber? –
-Claro – Asentí con una sonrisa forzada – Ya que no puedo verla, podrías describirla –
Suprimió una sonrisa y en su lugar lanzó una carcajada irónica. Luego se llevó las manos a la cabeza y pasó los dedos por sus mechones de pelo castaño – No puedo Lara, en serio,  no estás ayudando-
-Josh – Lo regañé – Por favor –
Los músculos de sus manos se tensaron y su cabeza se movía de un lago a otro, parecía a punto de perder la compostura, como en medio de un ataque.
-¿Por qué no? – Tartamudeé pero me arrepentí al instante, tal vez lo estaba presionando demasiado.
-¡Porque no es real! – Gritó poniéndose de pie - ¡No es real!, ¡no es real!-
Me le quede mirando, incapaz de hacer algún movimiento. Josh caminaba de un lado a otro, murmurando incoherencias-.
Al principio intenté seguir el hilo de sus palabras pero me resultaba imposible, nada tenía sentido. Rogué que Ben o cualquier otro enfermero no volviera al comedor, no podían verlo en este estado, ¡lo iban a encerrar de por vida!
Estaba a punto de ponerme histérica cuando el chico comenzó a calmarse. Sus pasos se volvieron más lentos y las murmuraciones pararon. Dio una gran bocanada de aire y volvió a sentarse.
-La primera vez que la vi tenía 15 – Empezó a decir con voz sarcástica – En la escuela, en los pasillos –
Me acerqué un poco más a él y puse mi mano sobre su hombro.
-Tardé una semana en invitarla a salir – Siguió explicando – y dos en darme cuenta de que no figuraba en el anuario. Mis amigos no la conocían y nadie había escuchado de ella – Josh  se cubrió la cara con la palma de sus manos - ¿Qué sentirías si te dijeran que Dougie no es real? –
No me molesté en preguntarle de dónde había asumido que Dougie y yo éramos algo más que amigos, ¿es que era tan obvia?, ¿quién más lo sabría?
Sacudí la cabeza intentando alejar esos pensamientos de mi cabeza. Intenté con todas mis fuerzas decir algo que pudiera hacer que se sintiera mejor, pero las palabras se negaban a salir. ¿Qué se suponía que dijera? Vivir con la duda de sí lo que ves es real o no debe ser horrible.
-La primera vez que te vi Lara – Dijo Josh clavando sus ojos verdes en mí – Pensé que eras una alucinación –
Recordé mi primer día en Priory, la primera vez que hice contacto visual con Josh el había girado la cabeza, como si no quisiera verme, ¿sería ese el motivo?, ¿había pensado que era producto de su imaginación?
-No puedo explicarte lo feliz que me sentí cuando supe que eras real – Él continuaba hablando, independientemente de que yo lo escuchara o no – Pensé que por fin la medicación estaba funcionando – 
-Tal vez sí funciona- Lo animé – A lo mejor es una recaída-
Lanzó una risa seca y volví a ponerse pie – Deberías volver a tu medicación Lara – Me aconsejó mientras comenzaba a alejarse – Aprovecha la oportunidad de curarte –
Me quedé sentada mientras la figura de Josh se desvanecía en la distancia. ¿Qué había sido todo eso?, ¿cómo sabía él que yo no estaba tomando mis pastillas?, ¿y cómo sabía lo de Dougie?, ¿es qué no existe la privacidad en este lugar?
Suspiré frustrada y me hundí más en mi asiento. Me froté el rostro con las palmas de las manos. Luego me puse de pie y volví a mi cuarto.
…

Josh no almorzó esa mañana. Charlotte y Jenna no hicieron preguntar ni comentario al respecto. Al parecer esa era la norma que nadie se había molestado en contarme. Comí en silencio, aunque mayormente jugué con mi alimento en lugar de comer, tenía un nudo insoportable en el estómago. 
Necesitaba a Dougie más que nunca desde mi llegada a Priory, pero él no estaba. No podía soportar un día sin él, ¿cuándo me había vuelto tan dependiente?
Después de mi sesión habitual con el Doctor Lawson paseé en el patio. Necesitaba un poco de aire después de una hora de discusión continua acerca de por qué no necesitaba mi medicación. Cada vez se me hacía más difícil convencerlo.
Durante la tarde estuve en la sala de estar con los demás, incluso Josh reapareció. Se comporto como de costumbre y evito realizar algún comentario sobre nuestro encuentro anterior, cosa que le agradecí profundamente. De todas formas en el fondo sabía que debía retomar ese asunto algún día, algo me decía que le debía una disculpa.
El resto de la semana transcurrió más o menos igual. Mi rutina era bastante monótona, más ahora que no iba más pro le bosque durante la noche.
Los días fueron pasando, el martes dio paso al miércoles y este al jueves. Dougie seguía sin aparecer, yo comenzaba a impacientarme. Ben me repetía todos los días que tuviera paciencia.
El jueves en la noche después de cenar me fui a mi habitación y deambulé por el cuarto hasta alrededor de las 3 am.  Mi cuerpo se había mal acostumbrado a los horarios de mis escapadas descabelladas con Dougie. Consideré volver al bosque, tal vez Ben me cubriría un rato, pero la idea de estar allí sola me aterraba. Terminé quedándome dormida sobre mi caja de acuarelas, ya que no podía pintar por falta de papel y no quería arriesgarme a arruinar otra de las paredes.
Estaba profundamente dormida cuando unos golpes suaves en la puerta me despertaron. Los primeros rayos de luz atravesaban la cortina de nylon barato de mi habitación. Tardé unos instantes en lograr que mi cuerpo respondiera para poder levantarme.
-¿Lara? – Reconocí la voz de Ben a través de la puerta.
Froté los últimos restos de lagañas de mi cara y abrí - ¿Qué pasa?-
-Tenés visitas – Informó con una sonrisa de satisfacción en su rostro.
Sin darme oportunidad de responder me indicó que lo siguiera por el pasillo hasta el ala norte, dónde se encontraban el comedor y la sala de estar, donde se recibían las visitas.
Agradecí el haberme quedado dormida con mi ropa de diario, no creí que Ben fuera a darme tiempo para cambiarme. Ni siquiera había podido ir al baño primero.
Comenzaba a alterarme cuando distinguí la cabellera rubia de Dougie sentado en uno de los sillones dónde la tarde anterior me había sentado con Jenna y Charlotte.
En cuanto me vio entrar una sonrisa se dibujó en su rostro. Incapaz de controlar mis impulsos corrí los metros que nos separaban y los abracé con todas mis fuerzas. No me había olvidado después de todo.
-No esperaba una bienvenida tan efusiva – Comentó mientras volvía a depositarme en el suelo.
-Perdón – Me disculpé intentando ocultar el rubor que subía por mi cara.
Su sonrisa se ensanchó más y me beso tiernamente.
Estaba en el período intermedio en el que recobraba el aire y la compostura cuando recordé que no me había lavado los dientes esa mañana. Iba a matar a Ben por sacarme tan rápido del cuarto. De mala gana me separé de Dougie – La próxima podrías avisar antes de venir –
-No tenés idea lo que me costó conseguir el permiso –
Arqueé las cejas y ladeé la cabeza - ¿Cómo?-
– Dado que cierta persona no quiere tomar sus medicamentos, se recortaron sus visitas –
Lancé un suspiro frustrado y me dejé caer en el sillón – Por favor no, no quiero hablar de esto ahora –
Dejé un espacio para que él se sentara junto a mí – Necesito que te esfuerces, para poder salir –
-¿Salir?-
Dougie se movió nervioso en su lugar- ¿Te gustaría conocer a mis amigos?-

jueves, 5 de septiembre de 2013

Capítulo 6

-Dougie – Dije mientras intentaba no tropezar siguiendo su paso acelerado a través del bosque - ¿vas a
explicarme de que va todo esto?-
El chico suspira algo irritado – Todavía no –
Dirijo miradas de soslayo tanto a él como a la caja que tiene al pequeño reptil Rex. La mascota de Dougie para la que estuvimos recolectando grillos todo este tiempo.
Me muerdo el labio para contener el impulso de lanzarle todas mis preguntas. ¿Qué está planeando ahora?
Ya se cumplen dos meses de mi estadía en Priory. Definitivamente las cosas no sucedieron como me las esperaba. Miro a Dougie caminar un par de pasos frente a mí. Sonrío como una tonta al recordar el último tiempo que pasamos juntos. Definitivamente no esperaba encontrarme con él en un lugar así.
Observo como avanza con pasos decididos unos metros por delante de mí. Cuando estoy con él estoy completamente segura de mí misma. Pienso en el Doctor Lawson y toda su charlatanería acerca de cómo necesito mi medicación para poder sobre llevar mi ‘condición’, como todos han decidido llamarla. ¿Qué puede saber él? No necesito ningún tipo de fármacos, al menos no cuando lo tengo a él cerca.
Dougie se convirtió en mi soporte este último tiempo, lo que me alegra y aterra a un mismo tiempo, ¿qué se supone que haga cuando ya no esté?
Sacudo la cabeza para alejar esos pensamientos. Aunque es verdad que nunca discutimos el asunto de nuestra ‘relación’,  ¿qué va a pasar cuando los dos salgamos de Priory? En cierto punto él es una especie de celebridad y yo una chica emocionalmente inestable, no creo que eso sea bueno para ninguno de los dos.
-Acá – Dice de repente arrancándome de mis pensamientos –
Me detengo y observo mí alrededor con mayor atención. Estamos en el lugar de siempre, a mi izquierda noto el nogal dónde él ya se está sentando. Lenta y sigilosa me acerco y me coloco a su lado.  La caja descansa a nuestros pies.
Nos quedamos en silencio un rato largo. Puedo sentir el aire tenso a nuestro alrededor. Dougie tiene que decirme algo, lo sé por la forma en que sus ojos me han estado evitando estos últimos días. Trago saliva temiendo lo peor.
-¿Pasa algo? – Inquiero cuando por fin junto el valor para hablar.
Dougie, quien se encontraba muy concentrado mirando las estrellas clava sus ojos en mí – Estaba pensando – Responde encogiéndose de hombros.
Estiro mi mano para tomar la suya - ¿Se puede saber en qué? –
Sonríe al notar nuestras manos entrelazadas, me permito relajarme un poco.
-En como llegue a Priory –
-Creo que me perdí esa historia – Comento con timidez, no quiero que sienta que lo estoy presionando.
-Tom me trajo – Empieza a decir con serenidad – Después de que intentara suicidarme –
Arqueo las cejas algo sorprendida, pero vuelvo a relajar mi cara casi al instante. Nunca me había puesto a pensar en cómo había terminado él en un lugar como este. De a momentos me parecía que no pertenecía, tal vez no estaba lidiando con una simple adicción.
-¿Sorprendida? – Pregunta al notar que estoy taciturna.
Ladeo la cabeza – Algo, parece que es moneda corriente en Priory –
Ahora él también parece confundido.
-¿Nunca te preguntaste por qué me niego a tomar mi medicación? – Inquiero de forma retórica – Después de tomar unas veinte juntas el sabor puede llegar a asquearte –
Dougie guarda silencio. Está meditando, analizando mis palabras. Comienzo a sentirme culpable por habérselo contado en este momento, se supone que esta noche vamos a enfocarnos en él, no en mí.
-¿Y cuál es tú historia? – Digo para desviar el tema – No es justo que yo te cuente y vos me tengas en la nada –
Lanza una carcajada sarcástica – No tenía el valor para dispararme o una sobredosis – Explica con tono amargo – Así que me encerré en el garaje de mi casa con el auto encendido, se suponía que el gas me iba a matar en una hora, hora y media–
-¿Cuánto tiempo estuviste?-
Levanta el rostro para mirarme – Tres, todavía no entiendo por qué sigo vivo, siempre creí que había hecho algo mal-
-Era lo que tenía que pasar – Intento consolarlo – La noche que tomé las pastillas mi compañera de cuarto en la universidad se iba de viaje, se suponía que iba a estar sola la próxima semana… - Me detengo para tomar aire – Su vuelo se canceló así que volvió a nuestro apartamento, para esa altura yo ya estaba inconsciente, de haberme encontrado media hora más tarde posiblemente no hubiera sobrevivido-
Dougie deja escapar un suspiro y rodea mi cintura con su brazo derecho. Hundo la cabeza en su pecho y dejo que su perfume me inunde la nariz.
-Definitivamente somos bastante inútiles – Comenta en tono de broma –Ni siquiera podemos suicidarnos como se debe –
Dejo que una risita suave se me escape –Definitivamente -
Con su mano izquierda acaricia mi mejilla – Pero me alegro de que fuera así – Susurra- De otra forma nunca te hubiera conocido-
-Ni a Rex – Le recuerdo con la vista clavada en la caja –
-Ni a Rex – Convino luego se puso de pie y tomó la jaula improvisada del pequeño reptil. -Gracias por la compañía–  Le susurra mientras deposita a su mascota en el suelo del bosque.
-Doug… - Susurro levantándome y arrodillándome junto a él - ¿Qué es todo esto?-
-¿Esto qué? –
Pongo los ojos en blanco y me cruzo de brazos – En serio, no es momento para hacerse el tonto-
El chico rubio dirige su mirada a la ahora liberada lagartija, la misma camina a toda velocidad alejándose de nosotros, caminando sobre las últimas hojas de nogal. No puedo evitar pensar en qué haría en caso de que me dejaran irme de Priory. ¿Qué pasaría con Dougie?, ¿qué pasaría con ‘nosotros’? sí es que realmente hay un nosotros.
-Debe sentirse bien – Comenta distraído – Ser libre otra vez –
Su voz me arranca de mis pensamientos. La figura de Rex ya casi se pierde en la distancia. – Lo haces sonar como si fuera una prisión, además parecía bastante contento en la caja-
-Pero la caja no es su lugar –
Guardo silencio porque no sé que responder. Toda esta conversación me parece demasiado complicada, no entiendo a qué se refiere ni a dónde quiere llegar con todo esto. Además ahora parece estar más nervioso que al principio. Una briza inesperada me recorre el cuerpo, me rodeo con mis propios brazos para intentar recuperar algo de calor y no ponerme a tiritar. El clima está cambiando, las temperaturas están bajando, un designio más de la cantidad de tiempo que llevo encerrada.
Dougie se voltea y me dedica una sonrisa torcida, aunque sé por el brillo de sus ojos que no es del todo sincera – No puedo llevármelo –
-¿Llevarlo a dónde? – Inquiero frustrada – Me estás asustando, ¿te van a trasladar o algo parecido?-
Niega con la cabeza luego se acerca más a mí y me toma las manos – No, no es nada de eso –
Me mantengo en silencio y me dedico a escudriñar su rostro con la mirada - ¿Qué pasa entonces?-
-Hablé con el Doctor Lawson esta mañana – Empieza a decir y ya puedo imaginarme el final de todo esto – Ya llevo cuatro meses sobrio –
Dejo que una pequeña sonrisa se escape, estoy orgullosa y contenta por él, por todo lo que logro, al menos uno de nosotros está mejorando. Todavía no le conté acerca de mis charlar con el doctor, cada vez parece menos convencido de mi decisión de dejar la mediación y yo cada vez estoy más confundida.
-Lara- Traga saliva antes de seguir hablando – Me dieron el alta, Tom viene a buscarme mañana en la mañana-