
Me dejé caer en el asiento del copiloto mientras Dougie
ocupaba el lugar del conductor.
-¿Estás bien? – Inquirió mientras ponía el auto en marcha.
Oí el rugido del motor del mini Cooper azul y entre cerré
los ojos.
-No creí que te gustaran este tipo de autos –
El chico se encogió de hombros –Es de Tom-
-¿No tenés auto propio? – Inquirí extrañada.
-No me gustan los autos – Respondió con total naturalidad -
¿Me vas a dejar por eso?
Suprimí una risa - ¿Ya estás queriendo deshacerte mí? Ni
siquiera llegamos-
Dougie rió - Todos
estás emocionados por conocerte –
-No estás ayudando – Le advertí – Me acabas de recordar que
estoy nerviosa –
-Les vas a encantar-
Me crucé de brazos - ¿Por qué estás tan seguro?-
-Porque a mí me encantas –
Me mordí el labio y me le quedé mirando. Él no volvió el
rostro, supongo que estaba algo avergonzado por su comentario. Luego de unos
instantes de silencio incómodo subió el
volumen de la música. Continuamos el trayecto al son de ‘Bad Before Good’
Me concentré en los latidos acompasados de mi corazón y
observé el pasaje avanzando en el exterior del coche.
Teníamos unos cuarenta minutos de viaje hasta la casa de
Tom. Una vez que llegáramos almorzaríamos con Giovanna, la novia de Tom, Danny y
Harry, los otros dos miembros de la banda.
Había pasado una semana desde que Dougie me había contado de
la invitación. Al principio la idea me entusiasmaba. Que quisiera presentarme a
sus amigos, su banda. La expectativa de que nuestra relación pudiera ser algo
serio me producía una sensación de escalofríos en todo el cuerpo.
Sin embargo ahora
tenía un nudo en el estómago, parecía aumentar cada vez que tragaba saliva.
¿Qué pasa si no les gustaba? Tendrían miles de motivos para no hacerlo, primero
era una loca no recuperada, emocionalmente inestable, estudiante de arte que ni siquiera conocían. Lo más probable es
que pensaran que soy sólo una faceta, una etapa, el soporte que necesitaba para
salir de Priory. En cierto punto yo
misma pensé en nuestra ‘relación’ como un punto de apoyo, pero definitivamente
se me había ido de las manos. Después del vacío que sentí cuando él dejó la
clínica y ante la idea de no volver a verlo me di cuenta de que sólo me estaba
engañando. Lo necesitaba, lo necesito todavía ahora, había visto suficiente películas
como para saber que este tipo de relaciones no terminan en nada bueno. Además,
¿hasta qué punto depende él de mí?, ¿qué va a pasar cuando ya no me necesite?
La música seguía sonando. Ahora escuchábamos a Ellie
Gouldig. Cerré los ojos y me acurruqué más a en mi lugar, luchando para no
quedarme dormida.
-¿Trajiste tus pastillas? – Inquirió Dougie arrancándome de
mis pensamientos.
Algo grogui balbuceé algo parecido a un sí y rebusqué en mi
bandolera de cuero sintético hasta dar con el frasco blanco y alargado – Acá –
Anuncié enseñándoselo.
Él asintió y me dedico una sonrisa antes de volver a
concentrarse en la carretera.
Sostuve el odioso tubo blanco en mis manos. Me pareció que
pesaba una tonelada. Nunca lo había tenido, por lo general en la clínica Ben me
traía las pastillas en un vasito descartable.
Suspire frustrada. A todos mis conflictos había que sumarle
mi situación con el Doctor Lawson y las medicinas.
Para poder conseguir el permiso y salir, primero tenía que
demostrar que era digna de confianza. Lo que suponía aceptar las pastillas
asquerosas y mantener una conducta intachable. Esto
último no me suponía un gran desafío, ahora que Dougie no estaba ya no me
escapaba, y a Charlotte se le habían terminado los cigarrillos así que tampoco
tenía que esconderme para acompañarla mientras ella envenenaba sus pulmones. Pero
los anti sicóticos eran más complicados.
En un comienzo intenté tomarlos. Ben me ayudaba en la medida
de sus posibilidades. Se quedaba cerca hasta que yo me las tragaba, mejor dicho
fingía que las tragaba pero las escondía en el bolsillo trasero de mis
pantalones para después tirarlas por el inodoro en la soledad de mi cuarto.
No podía hacerlo, por ningún motivo, bajo ninguna condición,
de ninguna manera. Para empeorarlo todo tenía que pasar por toda esta rutina
tres veces al día. Hasta ahora me las
había ingeniado, pero parecía que hoy iba a ser más complicado que nunca.
Al salir de Priory esa mañana Dougie le prometió a Ben que
se encargaría de que tomara mis medicamentos antes de almorzar y a media tarde.
Ya que volveríamos al anochecer si todo salía como lo planeado.
Agité el frasco en mi oído e intenté adivinar cuantas
cápsulas contenía. Daba igual, posiblemente las tuvieran contadas, para estar
seguros. O tal vez sólo estaba siendo paranoica.
Noté que el paisaje en el exterior iba cambiando. Los
extensos campos algo desteñidos por el cambio de estación comenzaban a
achicarse y se veían reemplazados por casas modernas y algo lujosas.
-Ya casi llegamos -
Anunció el conductor.
Sentí como si alguien me hubiera abofeteado en la cara –
Genial –
Los metros restantes hasta la casa de Tom se me hicieron
extremadamente cortos. Parecía como si Dougie estuviera conduciendo más rápido
apropósito.
Acabamos deteniéndonos frente a una hermosa casa de color
blanco. En el frente se apreciaban grandes ventanales y por sobre el techo se
asomaban un par de árboles, pertenecientes al patio extenso que rodeaba la
casa.
Cuando logré que mis piernas me respondieran tomé la mano
que el chico rubio me tendía y salí del mini Cooper.
-¿Lista?- Preguntó Dougie por enésima vez en sus fallidos
intentos por calmar mis nervios.
-No- Admití aterrada y lo dejé arrastrarme al interior de la
casa.
Tan pronto como ingresamos un grupo de gatos vino a
recibirnos por el pasillo que conectaba el hall con el resto de la casa
-Ya llegamos- Anunció Dougie mientras tomaba mi campera y la
colgaba junto con la suya.
Me agaché y acaricié
a uno de los felinos. Tenía el pelaje de un color anaranjado. Me resulto
realmente simpático.
-Parece que a Marvin ya le agradas – Comentó una voz
femenina que avanzaba desde el pasillo.
Controlando el color rojo que amenazaba con subir por mis
mejillas me puse de pié para saludar a
mi anfitriona.
-Él también me agrada – Admití en un tono de broma más
convincente del esperado.
La chica de cabello cobrizo rió – Soy Giovanna, pero podes
decirme Gi –
-Lara – Respondí con una sonrisa amistosa – Es un placer –
-No puedo creer que por fin te conozca – Exclamó y luego
envolvió mis hombros con su brazo izquierdo y comenzó a guiarme hacia la sala
contigua – Dougie no para de hablar de vos –
Genial, ahora sí estaba roja. ¿Qué clase de cosas les había
contado sobre mí a estas personas?, ¿Qué pasa si no estaba a la altura de sus
expectativas?
-Gracias Gi, estás haciendo exactamente lo que mi mamá haría
– Se quejó el chico - ¿Vas a traer el álbum familiar de fotos ahora? ¿O es para después
de cenar?-
Ambas reímos.
-Esto recién empieza – Le advirtió la chica.
Continuábamos riéndonos de las amenazas de Giovanna
cuando llegamos al living de la casa,
que estaba conectado con el comedor y tenía una puerta que conducía a la
cocina.
El interior y la decoración mantenían el mismo estilo que el frente
de la casa. Minimalista y moderno, parecido a los libros de arquitectura del
siglo XXI que había estado leyendo en mi
último semestre de la universidad.
-Tom – Chistó nuestra anfitriona al chico rubio sentado en
el sillón que intentaba juntar las piezas de legos desparramadas sobre le mesa
cafetera. Noté la caja en el suelo, junto a sus pies. Al parecer todas esas
piezas deberían formar la Estrella Negra perteneciente a Star Wars. Aunque le
quedaba bastante camino por recorrer.
Tom alzó la vista, llevaba unos anteojos que no recordaba
haber visto el día en que lo conocí. Tardó unos segundo en reconectar con la
realidad - ¡Lara! – Exclamó al reconocerme escondida detrás de su novia -¿Cómo
estás?-
Antes de que pudiera responder me envolvió con un abrazo de
bienvenida- Bien – Fue lo único que logré responder. El gesto me había tomado
totalmente desprevenida. Pero siendo sincera me había calmado bastante.
-¿Dónde están Harry y Danny? – Inquirió Giovanna - Se suponía que traerían el postre-
Un par de carcajadas masculinas fueron la respuesta que
obtuvo. Casi como si los aludidos hubieran estado esperando el momento perfecto para su
entrada.
-¡Se les va a caer!- La joven se acercó al más bajito de
ellos, quién tenía cabello castaño oscuro y bastantes pecas en su rosto, para tomar la caja de pastelería que sostenían
con una sola mano.
-Tranquila – Respondió él confiado y estiró más la mano para que ella no pudiera
tomar el paquete– Tengo todo controlado-
Giovanna puso los ojos en blanco e intentó alcanzarlo
poniéndose en puntas de pie.
-Ya – Lo regañó el otro chico, que había estado mirando la
escena en silencio. Luego se acercó, tomó el paquete y se lo entregó a la
chica.
-Gracias Harry – Respondió ella con una sonrisa amistosa.
Harry se encogió de hombros, tenía cabello castaño peinado
en una especie de hopo – No hay por qué, siempre es divertido molestar a Danny
–
-Aguafiestas – Dijo el pecoso a regañadientes.
Detrás de mí Tom se aclaró la garganta – Tenemos visitas,
¿recuerdan?-
-Oh, claro – Exclamaron ambos al unísono al percatarse de mi presencia.
-Doug, ¿harías los honores? –
El rubio puse los ojos en blanco y se acercó más a mí.
-Lara, estos son Danny y Harry – Los presentó señalando a
cada uno respectivamente.
-Es un placer – Respondí con un hilo de voz.
Danny tomó la iniciativa primero. Aún sonriendo realizó una
pequeña reverencia y besó mi mano -
Estoy para serviros mi lady-
Sentí como el color rojo subía por mis mejillas y suprimí
una risita histérica.
-La estás asustando – Lo regañó Harry mientras le daba un
empujón y me besaba la mejilla a modo de saludo – Ignóralo, es un idiota la
mayor parte del tiempo-
Los demás rieron y yo me les uní. Más por los nervios y la
incomodidad que otra cosa.
Una vez que las cosas se calmaron Giovanna dijo que llevaría
el postre a la cocina y les pidió a los demás que ayudaran a terminar de
preparar la mesa.
Dougie tomó mi mano para que lo siguiera a la cocina.
-¿Podrían ayudarme con la ensalada? – Nos pidió ella mientras destapaba una de las ollas de la cocina y revolvía con una
cuchara de madera.
-Claro- Respondimos y nos pusimos a trabajar.
Agradecí que me hubieran dado la única tarea en que la no
podía hacer el ridículo. Ya que Dougie condimentaba y yo me limitaba a mirarlo
medio embobada.
-Gi- Nos interrumpió Tom asomándose desde la cocina –
¿Podrías ayudarme? Danny está jugando con la vajilla otra vez-
-¡No es cierto!- Se defendió el acusado desde el comedor,
segundos después se escucharon ruidos de cristal chocando contra cristal.
Giovanna suspiró aunque pude ver que una pequeña sonrisa se
dibujaba en la comisura de sus labios. –Jones, más te vale que no hayas roto
nada-
Rápidamente la pareja salió de la habitación dejándonos
solos.
-Eso salió bastante bien – Comentó Dougie concentrado en la
ensalada.
Ladeé la cabeza – Tus amigos son simpáticos-
-Y les agradas- Aclaró, luego alzó el rostro y examinó el
reloj colgado en la pared de la cocina justo sobre mi cabeza - ¿Estás más
tranquila ahora? – Preguntó mientras sacaba un vaso de la alacena y lo
rellenaba con agua.
-Un poco – Admití.
Dougie depositó el vaso delante de mí – Deberías…
Asentí sin dejarlo terminar la oración – La medicación, está
bien.
Con movimientos exageradamente lentos abrí mi bandolera y saqué el frasco blanco,
lo abrí y saqué una pequeña píldora del mismo color.
¿Qué hago ahora?
Pensé al borde de la desesperación.
No quería tomarla, no después de todo lo que había logrado.
No las necesitaba, ¿por qué nadie lo entendía? Podía lidiar con mis emociones
como cualquier persona normal. Sin embargo, Dougie no iba a dejarlo pasar, estaba haciendo todo lo posible por
‘ayudarme’. Aunque nuestros puntos de vista parecían no concordar, no quería
decepcionarlo.
Tragué saliva y me volví a encontrar con el nudo en mi
estómago.
-¡Doug! – Gritó Harry desde la cocina - ¿Podrías ayudarme?-
El rubio era reacio a dejarme.
-Voy es estar bien – Lo tranquilicé.
Finalmente accedió y dejó la cocina a regañadientes.
Rápidamente mi cerebro se puso a idear un plan. Podría volver en cualquier momento y yo ya tendría que haberme desecho de la
medicación.
No podía ponerla en mi bolsillo, era demasiado arriesgado, ¿dónde la tiraría
después? Además, Dougie había pasado suficiente tiempo en Priory como para conocer todas las tácticas
de evasiva de los internos.
Mientras divagaba mis ojos se posaron sobre la pileta de la
cocina.
¡Perfecto! Me
felicité a mí misma.
Conteniendo las ganas de ponerme a dar saltitos de alegría
abrí la canilla y dejé que el agua corriera. Intenté meter la pastilla por el
agujero de la cañería, pero estos eran demasiado pequeños, debía esperar a que
se disolviera un poco.
Exagerando los hechos podría decir que la maldita pastilla
tardó horas en disolverse antes de desaparecer por la tubería junto con los
restos de agua. Pero siendo sincera sólo fue cuestión de segundos.
La adrenalina corría por mi cuerpo y me aceleraba los
latidos del corazón. La cabeza me debe vueltas y el nudo en mi estómago era
pesado como una piedra. Por no mencionar a mi molesta conciencia que no paraba
de molestarme.
Por fin la pastilla había reducido su tamaño lo suficiente.
Incapaz de esperar a que corriera por si sola con el rimo de la corriente
estiré la mano para empujarla con mi
dedo índice.
-Lara quería saber sí…- Tom no terminó la frase. Había
entrado en la cocina cargando con un par de platos blancos de cerámica y me
había encontrado con las manos en la masa.
Tragué saliva. Mierda,
mierda, mierda
-Tom… - Empecé a decir con voz temblorosa después de cerrar el flujo de agua, pero
volvieron a interrumpirnos.
Dougie ingresó a la cocina con una sonrisa inocente dibujada
en su rostro -¿Está todo en orden?- Inquirió al notar el aire de tensión entre
su amigo y yo -¿Ya te tomaste la medicación?
Disimuladamente me sequé las manos en la parte delantera de
mis jeans, mis ojos clavados en los de Tom – Ajá.
No satisfecho con mi respuesta Dougie se acercó para
escudriñarme con la mirada - ¿Puedo confiar? – Preguntó en tono chistoso - ¿Tom
que decís?, ¿vos la viste tomándola?-
Contuve el aliento. Mis ojos se abrieron como platos y se
clavaron en los del chico con gafas frente a mí. ¿Sería Tom capaz de mentir por
mí?