-Lara- Escucho un suave golpeteo en la puerta de mi cuarto.
Abro los ojos lentamente y dejo que los rayos de sol que se cuelan por la ventana me empañen la vista por un instante.
La voz continúa llamando – Lara-
Con pereza me estiro, ¿todavía estoy soñando?
-Lara – Otra vez ese golpeteo – Abrí por favor, tenés visitas-
Su último comentario me toma por sorpresa. Estiró la mano izquierda, dónde tengo el reloj pulsera que Jenna me prestó hace tanto. Son las 8 am y por fin reconozco la voz que me llama, es Ben. Pero, ¿qué está haciendo a esta hora?, y más importante aún, ¿quién es mi visita?
Ilusamente emocionada ante la expectativa de que sea él me levanto y cambio a la velocidad de la luz. En el camino choco con algunas de las hojas que Dougie me había traído para que pintara. Últimamente calmaba mi insomnio pintando cosas para él.
-¡Ya voy! - Grito desde el baño antes de empezar a cepillarme los dientes, hay que estar preparada para todo.
Cuando por fin termino de asearme y presento un estado relativamente decente, considerando las pocas horas de sueño que vengo teniendo en las últimas semanas, abro la puerta y dejo que el enfermero me arrastre hasta el área de visitas.
…
Debo admitir que las esperanzas de que él hubiera vuelto se acrescente más a medida que avanzamos por el pasillo y diviso una cabellera rubia. ¿Quién podría ser si no? Mis padres no venían hasta dentro de un par de días y además, el color rojizo y cobre de sus cabelleras jamás podría asemejarse a aquel dorado que estaba viendo.
Los latidos de mi corazón eran tan rápidos e intensos que en cierto punto temí que se saliera de mi pecho. Sin embargo, a medida que me aproximaba noté que sólo estaba siendo una estúpida.
El extraño era rubio, sí, pero por todo lo demás no se parecía en nada a mi Doug. Era notablemente más alto, más flacucho y su postura un tanto más erguida. Además la cabellera de Dougie siempre había tenido un cierto alboroto que me encantaba, la de mi extraño visitante, por el contrario, estaba prolijamente ordenada.
Intentando disimular la desilusión en mis ojos tomé asiento y saludé al chico con lentes – Hola Tom-
-¿Cómo estás Lara? – Inquirió con una sonrisa amigable pero no completamente franca-
-Bien- Respondí sentándome en el sillón frente a él, una mesita cafetera nos separaba por un par de metros.
Pronto el silencio incómodo se hizo presente. Yo clavé los ojos en la mesita mientras Tom jugaba nerviosamente con sus manos y chasqueaba la lengua de vez en vez.
Evidentemente algo le perturbaba pero no estaba seguro de cómo decírmelo, ¿le había pasado algo a Dougie tal vez? La idea se disipó rápidamente, lo había visto la semana pasada en el programa y estaba perfectamente. Pero, ¿y si algo había sucedido? Incapaz de contenerme fui directamente al grano.
-Tom- Dije con menos convicción de la esperada -¿Por qué viniste?, ¿le pasa algo a Doug?-
-No, no, él está perfectamente – Afirmó sin vacilaciones – Sos vos la que me preocupa-
Me costó bastante poder descifrar su mirada, al principio fue algo reacio, luego, lentamente se convirtió en alivio. Supongo que estaba agradecido de que le hubiera ahorrado el tener que iniciar la conversación.
-¿Yo?-
Antes de hablar Tom miró hacia los costados, como asegurándose de que estuviéramos solos – Es sobre tu… medicación-
Suspiré, notablemente aliviada al descubrir que Dougie estaba bien. Aunque no me duró mucho, ¿por qué quería Tom hablar de mis medicamentos?, Josh, Charlotte y ahora él también. Parecía que todo el mundo estaba al tanto, ¿lo sabrían Ben y el Doctor Lawson?
-¿Qué hay con eso?-
Tom se llevó la mano izquierda a la cabeza y yo sentí como mi cuerpo se tensaba – No esperabas que me olvidara de lo que paso cuándo fuiste a visitarnos, ¿verdad?
-Tom... eso fue hace meses, lo tengo todo controlado ahora – Mentí como la manipuladora experta en la que me había convertido en todo este tiempo.
El chico puso los ojos en blanco – Vas a necesitar más que eso para engañarme a mí, particularmente-
Arqueé las cejas sin saber cómo reaccionar ante su comentario - ¿A qué te referís?-
-Supongo que Doug nunca te contó de mí… ‘problema’ – Explicó.
Me quedé en silencio, incitándolo a que continuara con su relato.
-Yo también soy bipolar Lara – Admitió sin apartar sus ojos de los míos – Y creo entender por lo que estás pasando-
Tom se mantuvo inmutable mientras yo asimilaba sus palabras.
-Entonces vos más que nadie debería entenderlo – Comenté con un hilo de voz – No puedo tomarlas Tom-
Él suspiró – Si podes, el primer tiempo es difícil acostumbrarse pero después mejora-
Negué con la cabeza y llevé mis manos a los oídos, no quería escucharlo, ¿por qué nadie entendía por lo que estaba pasando?
-No, no puedo – Me quejé entre sollozos – Me bloquean completamente, ni siquiera puedo pintar, no las necesito-
Tom se acercó un poco más a mí – Esas no son las pastillas, sos vos misma – Dijo en un susurro para que los enfermeros que deambulaban no pudieran escuchar – Cuando yo empecé con el tratamiento pensaba así, me negaba a tomarlas porque no me dejaban trabajar con mi música, pero llegó un punto en el que los sentimientos me abrumaron demasiado-
Alcé la vista para examinarlo con la mirada. Me estaba contando una parte de su historia, lo menos que podía hacer era prestarle atención.
-Empecé a tomarlas, al principio parecía que nada sucedía, pero después de unas semanas todo mejoró, volví al estudio y la creatividad seguía ahí, incluso me encontraba más animado –
-Pero no funcionan igual con todo el mundo – Objeté.
El chico puso sus manos sobre mis hombros – Si nunca lo intentas, nunca lo vas a saber-
Una sonrisa torcida se dibujó en mi rostro mientras lo veía ponerse de pié y comenzar a caminar en dirección a la puerta de salida.
-Tom – Lo llamé –
Él se volteó y me dedicó una sonrisa amigable.
-Gracias –
-Gracias a vos, por ayudarme a recuperar a mi amigo – Respondió antes de dar media vuelta y desaparecer de mi vista.
…
Esa tarde me senté en jardín de la clínica. Ciertamente la visita matutina de Tom me había dado mucho que pensar y la realidad era que el tiempo corría.
Le había prometido a Dougie que ya estaría afuera para cuando él regresara. El final del programa estaba anunciada para principios de diciembre y noviembre ya casi llegaba a su fin. Lo que me daba poco menos de un mes para lograr convencer al Doctor Lawson de que ya podía darme el alta.
Además, la visita de mis padres también se acercaba y verdaderamente no quería dejarles una mala impresión. Podía escuchar como sus voces temblaban por el auricular del teléfono cada vez que llamaban y me decían cuanto me extrañaban.
Había estado tan sumergida en mis divagaciones que casi no me percaté del transcurso del tiempo. Cuando Ben vino a avisarme que el show estaba por empezar di un salto.
‘I’m a celebrity, get me out of here’ se emitía todos los jueves, de siete a ocho por ITV. El reality consistía en que una serie de celebridades eran enviados a la jungla para pasar un par de semanas aislados de todo tipo de lujos y comunicación con el exterior, compitiendo para ser coronado como el Rey o la Reina de la selva.
En Priory no nos perdíamos ningún capítulo, supongo que por mi presencia más que nada. Aunque durante su estadía, Dougie había logrado hacer amistades con algunas personas del área de adicción. Incluso Charlotte se había mostrado interesada por que uno de los ‘nuestros’ ganara.
La competencia estaba ya bastante avanzada. Sólo quedaban cinco de los doce participantes y Dougie era el favorito del público, y mío, aunque eso no tiene mucha relevancia. Las posibilidades de que ganara eran altas, lo que me daba a mí más tiempo para prepararme.
Habían pasado menos de cuarenta minutos de programa cuando Ben trajo los dos vasitos blancos y los deposito frente a mí. Era una de sus estrategias para lograr que yo tomara la medicación. Tal vez pensaba que estaba demasiado distraída como para pensar en tácticas para engañarlo. En el fondo me sentía culpable por hacerlo.
Sin embargo, hoy parecía que su plan iba a dar resultado. Casi como si el destino se estuviera burlando de mí, en el momento exacto en el que yo sostuve la píldora blanca en mi mano, en la pantalla apreció un primer plano de la cara de Dougie.
Se veía estupendo, el cabello le había crecido un poco, aunque no estaba más desarreglado de lo usual. Una sonrisa brillante iluminaba su rostro, saltaba a ojos vista que toda la experiencia le encantaba, no hay dudas de por qué nunca tenía que esforzarse para recibir votos. Cualquiera con dos dedos de frente notaría que la naturaleza era definitivamente su elemento.
La cámara se alejó un poco para mostrar mejor el lugar en el que los participantes se encontraban. Era de noche, pero la iluminación de los camarógrafos permitía divisar algunas siluetas de árboles. Por alguna extraña razón la vista me produzco una sensación de melancolía.
-¿Por qué la sonrisa Doug? – Preguntó uno de los participantes, Mark Wright, otro de los favoritos de la gente.
-Escucha los grillos – Respondió el chico divertido-
Al otro lado de la cámara se escuchó la risa de Mark- A veces pienso que estás loco-
Dougie respondió golpeando levemente el hombro de su amigo en plan de broma – Me recuerdan a alguien – Explicó
En ese instante las piernas me templaron y por algún estúpido motivo estuve segura de que se refería a mí. A nuestras escapadas nocturnas en las que recolectábamos grillos para Rex, parecía que habían transcurrido años desde eso.
Volví a mirar las píldoras, ya no pesaban tanto, después busqué a Dougie en la pantalla del televisor. Tomé una gran bocanada de aire, cerré los ojos y me metí una pastilla en la boca.

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