Alcé la vista para encontrarme con el rostro frustrado de
Charlotte, quien me llamaba la atención por tercera vez.
-Lo siento – Balbuceé cuando recobré el sentido.
Josh me miraba desde el otro lado de nuestra mesa. Había
preocupación en sus rostro -¿No tenés hambre?-
Bajé la vista a mi bandeja intacta. Ni siquiera me había
molestado en jugar con el asqueroso puré de un color anaranjado. Me encogí de
hombros – Se me cerró el estómago –
-¿Cuánto hace que no dormís? – Inquirió Jenna limpiando la
mesa frenéticamente con uno de sus pañuelos descartables – Tus ojeras van en
aumento estos días –
Suspiré. Sabía que tenían razón. Mi estadía en Priory ya se
había extendido a tres semanas. Al principio todo había esto bien. El Doctor
Lawson aceptó mi decisión de dejar la medicación por el momento. Nuestras
sesiones giraban en torno a mi última noche en la universidad y en estos
últimos días, en torno a Dougie, todavía estaba sorprendida de que supiera que lo conocía. Sin embargo no sospechaba de
nuestras escapadas al bosque por las noches, al menos no daba indicios de
hacerlo.
El chico rubio y yo continuamos con nuestro encuentro a la
media noche. Consideré que ese era el
causante de mis ojeras. Después de todo, solíamos volver tarde y una vez que
lograba acostarme me costaba bastante trabajo dormir. Con respecto a la falta
de apetito, decidí culpar a la poca variación y aspecto desagradable del menú.
-Estoy teniendo algunos problemas para dormir – Respondí a
la chica colorada que me miraba expectante.
Josh se acercó un poco más a mí - ¿Le has contado al Doctor
Lawson sobre esto?-
Negué con la cabeza. ¡Por supuesto que no! Sabía lo que él
pensaría al respecto de mi insomnio y falta de apetito, eran los síntomas. Los
conocía bien, pero me negaba a aceptarlo. Había pasado la última semana
convenciéndome de que todo era una inoportuna consecuencia y hasta ahora, había
sido exitosa.
-Déjala en paz Josh – Intervino Charlotte y se lo agradecí –
No es asunto tuyo –
El chico de rizos adoptó una posición más erguida en su
silla. Le dedico a la rubia una mirada de desprecio como nunca antes había
visto. – Como quieras –
La chica tiró su larga cabellera platinada hacia atrás y se
frotó los ojos con la palma de la mano – Que clima tan deprimente –
Todos clavamos la vista en la ventana que daba al patio, la
misma se encontraba cerrada a causa de la lluvia que nos había mantenidos
encerrados durante todo el día.
Pensé en Dougie y nuestras escapadas nocturnas, ¿se
suspendería la de hoy por lluvia? Había albergado esperanzas de que el clima
mejorar para la noche. Pero ya eran las 9 pm y no parecía que la cosa fuera a
mejorar. Inconscientemente lo busqué con
la vista. Estaba sentado en la mesa de siempre, cuando nuestras miradas se
encontrar me guiñó el ojo. Contuve la sonrisa de idiota que se dibujaba en mi
rostro.
-A mí me gusta – Espetó Jenna – La lluvia limpia el ambiente
–
Continuamos hablando de temas sin importancia hasta
alrededor de las 10 pm. Dougie se fue a su cuarto un rato antes, por lo que no
tuve oportunidad de preguntarle si la ‘cita’ de esta noche seguía en pie. Como
sea, la respuesta me llegó cuando a media noche sentí unos tímidos golpes en la
puerta de mi dormitorio.
-¿Puedo pasar? – Preguntó.
Abrí más la puerta y lo dejé entrar. Era la primera vez que
alguien entraba a parte del Doctor Lawson y algunos enfermeros. Me avergoncé un
poco al notar que la cama estaba des tendida de la mañana. Por suerte no había
nada especialmente personal sobre la cama o algo así, mi pijama de ositos
estaba escondido bajo la almohada.
-¿Se suspende la misión? – Inquirí algo decepcionada y
dejando la campera, que estaba poniéndome para salir, sobre la mesita de luz.
El chico dejó caer su cuerpo sobre la cama – Eso me temo, el
clima no nos acompaña-
Mordí mi labio inferior algo dudosa – Bien-
-Bien – Repitió y clavó la vista en el techo.
Con pasos lentos me acerqué a la cama y me recosté junto a
él, sólo unos centímetros separaban nuestras manos.
Volvió su rostro hacia mí y me dedicó una sonrisa torcida –
Supongo que tendría que irme.
-No es necesario – Las palabras salieron de mi boca sin que
pudieras controlarla, me preocupó que me hicieran sonar desesperada – Digo, si
no querés –
-No quiero – Respondió con la misma rapidez – No puedo
dormir, al menos no tan temprano, ya estoy acostumbrado a acostarme pasadas las
3am- Estiró más la mano para tomar la
mía – Pero si estás cansada…-
-Yo tampoco puedo dormir, tengo insomnio – Admití.
Dougie acarició el dorso de mi mano - Le hablaste a…
-No, no le dije al Doctor Lawson – Terminé la frase por él
un tanto molesta – No puedo contarle –
El chico arqueó las cejas – Creo que hay algo que me estoy
perdiendo, se supone que tiene que ayudarte –
Tomé una gran bocanada de aire – Justamente por eso no puedo
contarle-
-Lara por favor, sé
más clara-
-¿Cuánto sabes del trastorno bipolar? – Pregunté temerosa.
Ladeo la cabeza y pensó unos minutos – Antes pensaba que
tenían cambios de humor bruscos, pero conociéndote a vos, bueno, eso no parece
muy cierto –
Asentí – Eso es porque eso es una explicación demasiado
general- Me acurruqué un poco más en mi lugar – Los bipolares tipo dos, como
yo, tenemos períodos, de alegría y de tristeza –
-Ajá, entiendo –
-Bueno, cada período tiene algunos… síntomas, indicios –
Tragué saliva – Hiperactividad, excesos en las comidas, poca necesidad de sueño y cosas así en los
períodos felices.
-¿Y las tristes? –
Bajé la mirada – Se podría decir que todo lo contrario –
-¿Te preocupa? – Inquirió.
-Algo… la última vez no fue…
tan fácil –
Dougie me abrazó con delicadeza, ya me estaba acostumbrando
a que hiciera eso, la sensación de sus brazos alrededor de mi cuerpo -¿Te
sentís igual que esa última vez?-
Negué con la cabeza – No, esa vez era distinto – Apoyé mi
cabeza en su pecho y me concentré en su respiración – ¿Conoces esa sensación…
-¿Qué sensación? – Me animó a que continuara.
-La de sentirte incómodo en tu propia piel – Dije mirándolo
directamente a los ojos.
Él me sostuvo la mirada, supe que me entendía incluso antes
de que asintiera con la cabeza.
-¿Qué haces cuando te sentís así? –
-Por lo general pinto – Expliqué entre susurros.
-Bien, podemos hacer eso – Se puso de pie – Necesitamos
algún tipo de pintura… -
Yo también me puse de pie – Eso ya está cubierto – Dije y
abrí el ropero para sacar las acuarelas de su escondite.
Dougie sonrió, le había mostrado mi secreto.
-Ahora necesitamos papel y sólo tengo un pincel… -
-¿Papel? – Preguntó confundido. Luego se acercó al armario
pero en lugar de abrirlo tiró de él y lo movió. Una porción blanca de pared
quedo al descubierto - ¿Puede funcionar como reemplazo?-
-Creo que va a servir – Convine mientras tomaba un el vaso
descartable que estaba sobre la mesita de luz y me dirigía al baño para
llenarlo con agua.
Yo tomé el pincel y él se contentó con usar los dedos. Ni
siquiera nos molestamos en plantearnos que pintar. De forma automática Dougie
eligió un color azul oscuro para pintar el cielo y yo dibujé un par de árboles
con diferentes tonos de marrón. Era el bosque, nuestro bosque.
No estoy segura de cuánto tiempo transcurrió. Pero antes de
darme cuenta nuestra pintura estaba terminada. Nos alejamos unos pasos para
poder observarla mejor.
-Se te da bastante bien – Lo elogié dejando el pincel dentro
del vaso de agua, esta estaba ahora teñida de un color oscuro - ¿Lo habías
hecho antes? –
Negó con la cabeza – No, pero es divertido –
Me atrajo hacia él por la cintura – Somos un buen equipo –
-Eso creo – Admití con una sonrisa.
-Tenés una mancha- Advirtió señalando mi cachete derecho.
-¿Ah sí?- Dije refregándome
con la mano -¿Ya está?-
-No, déjame ayudarte – Se ofreció.
Me quede quieta mientras el acercaba su mano a mi rostro.
Sin embargo, en lugar de quitar la mancha Dougie aprovechó la oportunidad para
manchar aún más mi casa con pintura negra.
-¡Hey!- Me quejé y volví a tomar el pincel. Con movimientos
rápidos logré devolverle el favor. Sólo que como se movía tanto le manché el
cuello en lugar de la cara.
-¡Estás en serios problemas! – Me amenazó en plan de broma y
comenzó perseguirme por todo el
dormitorio.
En cierto momento me tropecé a causa del acolchado de mi
cama des tendida. Emití un gritito y me dejé caer sobre la cama. El chico
detrás de mi no pudo detenerse a tiempo por lo que también cayó.
-¡Tregua! – Grité en un tono más elevado del conveniente.
-¡Sh! – Me regañó - ¿Querés despertar a toda la clínica?-
Me tape la boca para intentar contener la risita histérica.
Dougie me miró y rió.
Suspiré una vez que
logré calmarme –Lo siento.
Extendió su mano y me acarició el rostro con delicadeza.
Cerré los ojos para contener un estremecimiento que subía por mi cuerpo. Él
acerco su rostro un poco más al mío. Sentí su respiración chocar contra mi
piel, olí su perfume, aunque en el transcurso de estos días ya me estaba
acostumbrando. De pronto me pareció que todo daba vueltas. Dougie acortó la
distancia que nos separaba y me besó.



