jueves, 29 de agosto de 2013

Capítulo 5

-Lara, ¿me estás escuchando?  -
Alcé la vista para encontrarme con el rostro frustrado de Charlotte, quien me llamaba la atención por tercera vez.
-Lo siento – Balbuceé  cuando recobré el sentido.
Josh me miraba desde el otro lado de nuestra mesa. Había preocupación en sus rostro -¿No tenés hambre?-
Bajé la vista a mi bandeja intacta. Ni siquiera me había molestado en jugar con el asqueroso puré de un color anaranjado. Me encogí de hombros – Se me cerró el estómago –
-¿Cuánto hace que no dormís? – Inquirió Jenna limpiando la mesa frenéticamente con uno de sus pañuelos descartables – Tus ojeras van en aumento estos días –
Suspiré. Sabía que tenían razón. Mi estadía en Priory ya se había extendido a tres semanas. Al principio todo había esto bien. El Doctor Lawson aceptó mi decisión de dejar la medicación por el momento. Nuestras sesiones giraban en torno a mi última noche en la universidad y en estos últimos días, en torno a Dougie, todavía estaba sorprendida de que supiera que  lo conocía. Sin embargo no sospechaba de nuestras escapadas al bosque por las noches, al menos no daba indicios de hacerlo.
El chico rubio y yo continuamos con nuestro encuentro a la media noche.  Consideré que ese era el causante de mis ojeras. Después de todo, solíamos volver tarde y una vez que lograba acostarme me costaba bastante trabajo dormir. Con respecto a la falta de apetito, decidí culpar a la poca variación y aspecto desagradable del menú.
-Estoy teniendo algunos problemas para dormir – Respondí a la chica colorada que me miraba expectante.
Josh se acercó un poco más a mí - ¿Le has contado al Doctor Lawson sobre esto?-
Negué con la cabeza. ¡Por supuesto que no! Sabía lo que él pensaría al respecto de mi insomnio y falta de apetito, eran los síntomas. Los conocía bien, pero me negaba a aceptarlo. Había pasado la última semana convenciéndome de que todo era una inoportuna consecuencia y hasta ahora, había sido exitosa.
-Déjala en paz Josh – Intervino Charlotte y se lo agradecí – No es asunto tuyo –
El chico de rizos adoptó una posición más erguida en su silla. Le dedico a la rubia una mirada de desprecio como nunca antes había visto. – Como quieras –
La chica tiró su larga cabellera platinada hacia atrás y se frotó los ojos con la palma de la mano – Que clima tan deprimente –
Todos clavamos la vista en la ventana que daba al patio, la misma se encontraba cerrada a causa de la lluvia que nos había mantenidos encerrados durante todo el día.
Pensé en Dougie y nuestras escapadas nocturnas, ¿se suspendería la de hoy por lluvia? Había albergado esperanzas de que el clima mejorar para la noche. Pero ya eran las 9 pm y no parecía que la cosa fuera a mejorar.  Inconscientemente lo busqué con la vista. Estaba sentado en la mesa de siempre, cuando nuestras miradas se encontrar me guiñó el ojo. Contuve la sonrisa de idiota que se dibujaba en mi rostro.
-A mí me gusta – Espetó Jenna – La lluvia limpia el ambiente –
Continuamos hablando de temas sin importancia hasta alrededor de las 10 pm. Dougie se fue a su cuarto un rato antes, por lo que no tuve oportunidad de preguntarle si la ‘cita’ de esta noche seguía en pie. Como sea, la respuesta me llegó cuando a media noche sentí unos tímidos golpes en la puerta de mi dormitorio.
-¿Puedo pasar? – Preguntó.
Abrí más la puerta y lo dejé entrar. Era la primera vez que alguien entraba a parte del Doctor Lawson y algunos enfermeros. Me avergoncé un poco al notar que la cama estaba des tendida de la mañana. Por suerte no había nada especialmente personal sobre la cama o algo así, mi pijama de ositos estaba escondido bajo la almohada.
-¿Se suspende la misión? – Inquirí algo decepcionada y dejando la campera, que estaba poniéndome para salir, sobre la mesita de luz.
El chico dejó caer su cuerpo sobre la cama – Eso me temo, el clima no nos acompaña-
Mordí mi labio inferior algo dudosa  – Bien- 
-Bien – Repitió y clavó la vista en el techo.
Con pasos lentos me acerqué a la cama y me recosté junto a él, sólo unos centímetros separaban nuestras manos.
Volvió su rostro hacia mí y me dedicó una sonrisa torcida – Supongo que tendría que irme.
-No es necesario – Las palabras salieron de mi boca sin que pudieras controlarla, me preocupó que me hicieran sonar desesperada – Digo, si no querés –
-No quiero – Respondió con la misma rapidez – No puedo dormir, al menos no tan temprano, ya estoy acostumbrado a acostarme pasadas las 3am-  Estiró más la mano para tomar la mía – Pero si estás cansada…-
-Yo tampoco puedo dormir, tengo insomnio – Admití.
Dougie acarició el dorso de mi mano  - Le hablaste a…
-No, no le dije al Doctor Lawson – Terminé la frase por él un tanto molesta – No puedo contarle –
El chico arqueó las cejas – Creo que hay algo que me estoy perdiendo, se supone que tiene que ayudarte –
Tomé una gran bocanada de aire – Justamente por eso no puedo contarle-
-Lara por favor,  sé más clara-
-¿Cuánto sabes del trastorno bipolar? – Pregunté temerosa.
Ladeo la cabeza y pensó unos minutos – Antes pensaba que tenían cambios de humor bruscos, pero conociéndote a vos, bueno, eso no parece muy cierto –
Asentí – Eso es porque eso es una explicación demasiado general- Me acurruqué un poco más en mi lugar – Los bipolares tipo dos, como yo, tenemos períodos, de alegría y de tristeza –
-Ajá, entiendo –
-Bueno, cada período tiene algunos… síntomas, indicios – Tragué saliva – Hiperactividad, excesos en las comidas,  poca necesidad de sueño y cosas así en los períodos felices.
-¿Y las tristes? –
Bajé la mirada – Se podría decir que todo lo contrario –
-¿Te preocupa? – Inquirió.
-Algo… la última vez no fue…  tan fácil –
Dougie me abrazó con delicadeza, ya me estaba acostumbrando a que hiciera eso, la sensación de sus brazos alrededor de mi cuerpo -¿Te sentís igual que esa última vez?-
Negué con la cabeza – No, esa vez era distinto – Apoyé mi cabeza en su pecho y me concentré en su respiración – ¿Conoces esa sensación…
-¿Qué sensación? – Me animó a que continuara.
-La de sentirte incómodo en tu propia piel – Dije mirándolo directamente a los ojos.
Él me sostuvo la mirada, supe que me entendía incluso antes de que asintiera con la cabeza.
-¿Qué haces cuando te sentís así? –
-Por lo general pinto – Expliqué entre susurros.
-Bien, podemos hacer eso – Se puso de pie – Necesitamos algún tipo de pintura… -
Yo también me puse de pie – Eso ya está cubierto – Dije y abrí el ropero para sacar las acuarelas de su escondite.
Dougie sonrió, le había mostrado mi secreto.
-Ahora necesitamos papel y sólo tengo un pincel… -
-¿Papel? – Preguntó confundido. Luego se acercó al armario pero en lugar de abrirlo tiró de él y lo movió. Una porción blanca de pared quedo al descubierto - ¿Puede funcionar como reemplazo?-
-Creo que va a servir – Convine mientras tomaba un el vaso descartable que estaba sobre la mesita de luz y me dirigía al baño para llenarlo con agua.
Yo tomé el pincel y él se contentó con usar los dedos. Ni siquiera nos molestamos en plantearnos que pintar. De forma automática Dougie eligió un color azul oscuro para pintar el cielo y yo dibujé un par de árboles con diferentes tonos de marrón. Era el bosque, nuestro bosque.
No estoy segura de cuánto tiempo transcurrió. Pero antes de darme cuenta nuestra pintura estaba terminada. Nos alejamos unos pasos para poder observarla mejor.
-Se te da bastante bien – Lo elogié dejando el pincel dentro del vaso de agua, esta estaba ahora teñida de un color oscuro - ¿Lo habías hecho antes? –
Negó con la cabeza – No, pero es divertido – 
Me atrajo hacia él por la cintura – Somos un buen equipo –
-Eso creo – Admití con una sonrisa.
-Tenés una mancha- Advirtió señalando mi cachete derecho.
-¿Ah  sí?- Dije refregándome con la mano -¿Ya está?-
-No, déjame ayudarte – Se ofreció.
Me quede quieta mientras el acercaba su mano a mi rostro. Sin embargo, en lugar de quitar la mancha Dougie aprovechó la oportunidad para manchar aún más mi casa con pintura negra.
-¡Hey!- Me quejé y volví a tomar el pincel. Con movimientos rápidos logré devolverle el favor. Sólo que como se movía tanto le manché el cuello en lugar de la cara.
-¡Estás en serios problemas! – Me amenazó en plan de broma y comenzó  perseguirme por todo el dormitorio.
En cierto momento me tropecé a causa del acolchado de mi cama des tendida. Emití un gritito y me dejé caer sobre la cama. El chico detrás de mi no pudo detenerse a tiempo por lo que también cayó.
-¡Tregua! – Grité en un tono más elevado del conveniente.
-¡Sh! – Me regañó - ¿Querés despertar a toda la clínica?-
Me tape la boca para intentar contener la risita histérica.
Dougie me miró y rió.
Suspiré  una vez que logré calmarme –Lo siento.

Extendió su mano y me acarició el rostro con delicadeza. Cerré los ojos para contener un estremecimiento que subía por mi cuerpo. Él acerco su rostro un poco más al mío. Sentí su respiración chocar contra mi piel, olí su perfume, aunque en el transcurso de estos días ya me estaba acostumbrando. De pronto me pareció que todo daba vueltas. Dougie acortó la distancia que nos separaba y me besó. 

jueves, 22 de agosto de 2013

Capítulo 4

El sol entraba por la ventana y caía suavemente sobre mis nerviosos dedos, que no paraban de moverse.

-Es sólo una consulta-Intenté tranquilizarme
Si el doctor Lawson me veía en ese estado, posiblemente no me daría el alta nunca. ¿Qué es lo que tanto me asustaba de él después de todo? Lo había visto sólo una vez ayer y no se puede decir que hubiera sido especialmente brusco conmigo. ¿Sería tal vez que temía que supiera lo de mi escape la noche anterior?
Sonreír al recordar mi encuentro con Dougie en el alambrado. La experiencia me seguía pareciendo un tanto extraña, como si hubiera sido un sueño. Más aún, cuando esa misma mañana, durante el desayuno, me había cruzado ‘accidentalmente’ con él y había actuado como si nada.
No había sido especialmente indiferente. Pero después de nuestra conversación esperaba algo más que una simple sonrisa torcida.
-Ese es tu problema-Me regañó mi subconsciente- Esperas demasiado de las personas, las idealizas.
Bufé y me revolví en la silla de la sala de espera, frente al despacho del Doctor Lawson. Revisé la hora en el reloj de muñeca que le había pedido prestado de Jenna durante el desayuno, antes de que el enfermero me recogiera para mi cita con el doctor.
 Decidí no darme por vencida, tal vez Dougie sólo intentaba mantener las apariencias para que nadie sospechara. Era una opción mucho más prometedora que pensar que me estaba evitando, no me soportaba o peor aún, se avergonzaba de mí. Torcí el gesto al notar lo mucho que me importaba la opinión que el chico tenía de mí. Esto estaba mal.
-Lara -Me llamó la conocida voz del Doctor, estaba asomado a la puerta de su consultorio- Adelante por favor-
Asentí, me puse de pie y entré.
El cuarto lucía como cualquier otro. Bastante similar al de los demás psicólogos que había visitado durante mi infancia. Como supondrán ninguno de ellos pudo ‘curarme’, por algo estaba ahora en Priory.
-Toma asiento – Me indicó con amabilidad y señaló un cómodo sillón individual de color negro.
Me dejé caer en el sofá y cerré los ojos mientras sentía como mi cuerpo se hundía en los suaves almohadones. Me estaba preparando para el interminable interrogatorio que me aguardaba.
-¿Te estás adaptando bien?- Inquirió mientras anotaba algo en su odioso cuaderno. Estaba sentado en un sillón igual y enfrentado al mío-Los enfermeros dicen que ya hiciste amigos.
-No sé si pueden considerarse amigos, apenas si los conozco-
El Doctor Lawson suspiró-No necesitas tanto tiempo para conocer una persona, podes saber más de alguien teniendo una conversación de minutos que de aquellos con los que convivís todos los días.
Me mordí el labio y pensé en Dougie, en nuestras preguntas de la noche anterior, ¿era eso a lo que se refería?
-¿Cuánto hace que no tomas tu medicación? – Preguntó al notar que yo no pretendía seguir hablan de mis nuevos ‘amigos’
Mentalmente conté los días desde la noche en que había tenido el incidente. Después de eso el sólo hecho de pensar en las pastillas me daba ganas de vomitar. –Un par de semanas-
El médico dejo de escribir y me miró directo a los ojos-¿Y cómo lo estás llevando?-
-Bien-Bajé la vista-
-Bien-Repitió y volvió a sus anotaciones-Hoy mismo podes empezar con la nueva…-
-¿Cómo? – Lo interrumpí algo aturdida. La idea de volver a estar medicada no me entusiasmaba en absoluto- Creí que después de...-
-Que intentaras suicidarte con tus propios antidepresivos no cambia el hecho de que todavía necesitas medicación-
Tragué saliva. Esa era una muy buena forma de decirlo sin tacto ni delicadeza. ¿Y este hombre trataba con gente emocionalmente inestable todos los días de su vida?, ¿quién le había dado el título?
-Además-Aclaró al notar la expresión estupefacta de mi rostro-Esta vez sabemos que no se trata de una simple depresión-
-Eso es lo que dicen todos…- Susurré en tono seco-
El hombre detuvo la lapicera que se movía frenéticamente sobre el papel y me dedicó una mirada de desconcierto-Entiendo que hayas tenido malas experiencias en el pasado pero…-
-¿Entiende? – Pregunté con ironía – Discúlpeme Doctor pero no puedo ver como lo entiende, ¿es usted bipolar?
Lawson tragó saliva. Definitivamente no esperaba eso de mi parte. Pero no me importó, había estado guardando silencio por mucho tiempo. Él estaba ahí para ayudarme, entonces era hora de que empezara a escucharme.
-¿Acaso le dieron el diagnóstico equivocado? -  Me detuve para tomar aire y contener las lágrimas que amenazaban con escapar - ¿Alguna vez pensó si quiera en quitarse la vida?-
Nos sostuvimos las miradas el uno al otro durante unos instantes de silencio que se me hicieron interminables. Por fin, él apartó el rostro y habló.
-Nada de medicinas – Cedió y volvió a escribir – Por ahora-
Asentí –Gracias.
-No me agradezcas, todavía creo que esto es un terrible error – Aclaró – Ya podes irte-
Rápidamente me puse de pie y me encaminé hasta la puerta. Quería salir cuanto antes de ahí. No fuera cosa de que cambiara de opinión.
-Lara – Me llamo cuando yo ya sostenía la puerta detrás de mí.
Me volví hacia él.
-Puede que no entienda todo por lo que pasaste – Dijo y noté la honestidad en su voz – Pero me gustaría, quiero ayudarte.
Le dediqué una sonrisa torcida. Eso era inesperado, parecía que el Doctor tenía corazón después de todo.
-Gracias – Repetí y cerré la puerta.
…
Me alejé de la oficina sin atreverme a mirar atrás. Estaba hecha un manojo de nervios. Más que antes de entrar. Está bien, había explotado y posiblemente había sido un tanto injusta con el pobre hombre. Después de todo, él no era responsable de la amplia gama de incompetentes con los que había tenido de lidiar a lo largo de mi vida. Pero no me arrepentía, al contrario, me sentía liberada. Cómo se me hubiera sacado un peso de los hombros. Me sentí un tanto desconcertada cuando dos lágrimas cayeron desde mis ojos sobre mis mejillas. A ojos vista, todo esto era demasiado para mí, puede que mis padres tuvieran razón, no estaba lista para el mundo exterior.
-¿Qué tal tu cita con el Doctor? –
Regresé a la realidad para encontrarme con el chico rubio parado frente a la puerta de mi cuarto - ¿Qué estás haciendo?-Pregunté limpiando las lágrimas con las mangas de mi buzo gris.
Dougie se encogió de hombros – Vengo a traerte una invitación –
Arqueé las cejas - ¿Qué?-
-Rex quiere conocerte-
-Oh, ¿a qué debo tal honor? – Bromeé.
– Es una oportunidad única en la vida- Puso los ojos en blanco y rió - ¿Venís o no?-
-Claro-
El chico tomo mi mano y empezó a arrastrarme por el pasillo. Esto ya se le había hecho costumbre. Revisé el reloj, que por suerte estaba alrededor de mi mano derecha, la libre. Eran las 11:30 am, mi charla con el doctor había durado más de lo que pensaba. Agradecí que no hubiera hecho preguntas sobre mis lágrimas, tal vez no lo había notado, o simplemente estaba siendo educado.
-¿A dónde me estás llevando – Inquirí.
-Sh- Me regañó – Se supone que no puede haber chicas en el ala este-
-¿Ala este?-
Dougie suspiró frustrado – Solamente espera a que lleguemos, ¿puede tu curiosidad aguantar?-
Asentí y apreté los labios para darle a entender que ya no hablaría.
Por fin nos detuvimos frente a una puerta igual a la de mi cuarto. Para ser sincera, todas eran exactamente iguales. Después de todo esto era una clínica, no una especie de hotel de lujo.
 Caí en la cuenta de dónde estábamos antes siquiera de ver la cama desordenada. Era su dormitorio, el ala este debía ser dónde estaban las habitaciones de los hombres.
-Rápido, Ben no va a poder cubrirnos por mucho tiempo – Dijo metiéndome dentro.
-¿Ben? – La cabeza me daba vueltas con tantos secretos.
El chico chasqueo la lengua-Él es mi contacto – Confesó.
-¿El que puso la carta en mi cama?-
-Ese mismo, es uno de los enfermeros – Abrió el ropero y se agachó para tomar una caja- Luego te lo presento-
Había estado contemplando la habitación. Era idéntica a la mía. Sólo que estaba llena de la posesiones de Dougie, una púa, un par de revistas y algunos CD’s, no sabía que podíamos traer esas cosas.
-Lara, este es Rex –
Me asomé por el borde de la caja para saludar la pequeña lagartija. Era de unos 10 cm de largo y de color verde apagado. No muy distinta a las cientos que ya había visto deambular por el patio de mi casa.
-Un placer Rex – Respondí en tono solemne.
Dougie acercó su oreja al pequeño reptil – Dice que igualmente-
Reí abiertamente y él conmigo.
-Así está mejor -  Dijo luego de unos minutos de risa - ¿Sabías que cuándo te reís se marcan tus hoyuelos?
Ladeé la cabeza - ¿De qué estás hablando ahora?, en serio Doug, sos todo un misterio-
-De esto – Estiró su mano y lo colocó sobre la comisura superior de mis labios, dónde, efectivamente, estaban mis hoyuelos.
Puse los ojos en blanco y me aparté un paso antes de que pudiera sentir el calor subiendo por mi rostro.
Dougie se quedo en su sitio y me escudriñó con la mirada - ¿Estás bien?-
-Sí – Respondí con menos convicción de la que esperaba.
Él arqueo las cejas, dando a entender que no me creía.
Suspiré y me senté sobre la cama des tendida. El chico se acomodó junto a mí, con la caja en su regazo.
-Es… - Volteé el rostro, ¿por qué tenía que pasar esto justo ahora?
-Hey – Se acercó un poco más a mí y  puso la mano sobre mi hombro – Si no querés contarme entiendo, pero no te pongas así… por favor Lara.
Sacudí la cabeza mientras y lo miré directo a los ojos. El llanto aumentó de repente, volví a secar las lágrimas con la manga de mi buzo – Perdón -  Contesté con un hilo de voz  antes de que las lágrimas volvieran.
Dougie dejó a Rex en suelo y me rodeó con un sus brazos en un cálido abrazo – Está bien – Susurro mientras secaba una de mis lágrimas.
Nos mantuvimos en silencio y en la misma posición un tiempo largo. No sabría decir cuánto, puesto que en cierto punto me perdí embobada con el olor de su perfume. Fue entonces cuando me di cuenta de que  ya me estaba aprovechando de las buenas intenciones del chico.
Tomé una gran bocanada de aire y me sorbí la nariz sin embargo él no me soltó de su agarre.
-Estás toda roja e hinchada-
-¿Dónde quedo la delicadeza?- Me burlé y le proporcioné un golpe en el hombro –
-De todas formas, me gusta más cuando sonreís – Aclaró acariciando mi mejilla.
Contuve la respiración unos instantes. Parecía como si mi cuerpo se hubiera paralizado bajo su tacto. Me temblaban las rodillas, de haber estado parada seguro me hubiera caído. ¿Qué tenía este chico que me alteraba tanto?
Unos golpes inesperados en la puerta nos devolvieron a ambos a la realidad.
-Ya es tarde – Un hombre de tez morena con traje de enfermero, quién asumí debía ser el famoso Ben,  se asomó – Lo siento pero deberían volver –

Mis mejillas volvieron a enrojecer al notar que todavía estábamos extremadamente cerca el uno del otro. Rápidamente nos separamos. Dougie guardó a Rex nuevamente en el armario y salimos del cuarto.

jueves, 15 de agosto de 2013

Capítulo 3

Releí  la nota un par de veces para asegurarme de que era real. Luego la di vuelta y revisé el dorso mientras intentaba dar una respuesta a todos los interrogantes que surgían en mi cabeza.
¿Cómo había llegado eso a mi cama?, ¿esta era la forma de Dougie de mostrarme su secreto?, ¿Debía ir? O mejor dicho ¿quería ir?
Hacerlo implicaría salir después del toque de queda. Es decir, romper las reglas en mi primera noche. Además él y yo estaríamos solos y nadie tendría idea de dónde nos encontrábamos. Aunque para ser sincera esa idea más que asustarme, me entusiasmaba.
-No seas estúpida Lara-Pensé-Ni siquiera lo conoces.
Me dejé caer en la cama una vez más. Llevé la nota al pecho, mordí mi labio inferior y suspiré vencida. ¿A quién quería engañar? Moría de ganas de ir, quería saber cuál era el motivo  de todo ese aire misterioso alrededor de Dougie.
Sin embargo, tenía otro problema, ¿cómo se suponía que iba a salir sin que me vieran?  A eso había que sumarle el hecho de que no tenía reloj, por lo que tampoco sabía la hora.
Mentalmente hice un cálculo aproximado y me pareció que ya no debía faltar mucho para las 12. Tome ropa del ropero, la metí bajo las sábanas de la cama y las moldeé para que similar un cuerpo acostado. De esta forma si alguien decidía pasar a verme, al menos no se encontraría con una cama vacía.
Una vez terminada esa tarea me puse una campera de media estación sobre los hombros y asomé la cabeza al pasillo. Al notar que no había nadie salí del cuarto y cerré la puerta tras de mí.
Con movimientos sigilosos avancé a través del pasillo que llevaba al comedor. Para mi suerte no había enfermeros montando guardia. Tal vez la seguridad no era tan estricta como pensaba. La idea de las cámaras de vigilancia me parecía un tanto absurda ahora.
Al llegar al comedor  noté a dos enfermeros sentados en una de las mesas jugando al póker. Detrás de ellos la puerta que daba al patio estaba entre abierta. Un movimiento arriesgado, pero ya había llegado hasta ahí, no podía arrepentirme ahora.
Aprovechando la distracción de mis guardias caminé, en cuclillas y escondiéndome entre las mesas, hasta estar a unos dos metros de la puerta. Allí terminaba las mesas.
Por el rabillo del hombro miré una vez más a aquellos hombres. No parecían haberse percatado de mi presencia. Me armé de valor y prácticamente volé hasta la puerta. Una vez fuera seguí corriendo hasta llegar a los arbustos. 
Para mi suerte el jardín estaba tenuemente iluminado. Cosa que me permitió ocultarme en las sombras y no verme obligada a avanzar a tientas. Para ser franca me asombraba el poder reconocer el camino de vuelta al enrejado. Después de todo, sólo había estado ahí una vez.
No había ni rastro de Dougie cerca de los arbustos. Más le valía que todo esto no fuera una gran broma.
-Es tarde- Me acusó.
Todavía jadeando por la carrera respondí-No tengo reloj  y tuve que ingeniármelas bastante para poder salir-
-Como sea, vamos, no tenemos mucho tiempo- El chico tomó mi muñeca y me arrastró hacia los arbustos. Luego se agachó para abrir el alambrado y dejar un hueco por dónde cabía una persona.
-Las damas primero-
Puse los ojos en blanco y acepté su oferta-¿Me vas a decir que hacemos acá a estas horas?
-Venimos a terminar lo que estaba haciendo cuando tus amigos y vos me interrumpieron- Respondió con naturalidad mientras se abría paso entre los árboles-Cazar.
-¿Cazar?- Inquirí confundida-¿Cazar qué?-
-Grillos-
Me estaba costando bastante seguirle el ritmo. No estaba segura de que tan a menudo Dougie caminaba por el bosque, pero su estado era mucho mejor que el mío. No me quedaba mucho resto de aire para hablar, sin embargo estaba decidida. Me había arriesgado, por segunda vez en el día, por él, ¿es que tanto le costaba darme respuestas más concretas?
-Grillos, para tu amigo-Convine- ¿Para que necesitas los grillos tu amigo…-
-Rex-Explicó divertido-Son para mi amigo Rex, él como grillos.
Suspiré frustrada-¿Podrías ser más claro?, en serio Dougie, esto es exasperante-
-Rex es una lagartija que encontré en mi segundo día en Priory, la tengo escondida en mi cuarto desde entonces y le llevo comida todas las noches-
Sonreí-¿Ves que fácil  es?, ¿no te sentís mejor ahora que me lo contaste?
Doug rió y negó con la cabeza-Eso depende, ¿vas a ayudarme?-
-Claro-
-Bien-El chico de detuvo justo en ese momento. No sabría decir que tanto nos habíamos adentrado en el semi bosque, pero los árboles eran bastante altos y la luz de la luna apenas se filtraba por entre las hojas
-Primero que nada tenés que ser extremadamente cautelosa, no queremos espantarlos-
-Cautelosa, entiendo-Repetí.
Su tono de voz disminuía al mismo tiempo que avanzaba en puntas de pie por entre las hojas secas sobre el suelo- En segundo lugar, hay que ser paciente, es muy parecido a pescar-
Estaba a punto de contestar cuando uno de los bichitos saltó justo sobre mis zapatillas deportivas.
-Doug…-Lo llamé con un hilo de voz-Creo que pesqué uno-
Clavo su mirada en mí –Genial, ahora, con calma necesito que lo tomes-
Asentí con cuidado y lentamente estiré mis brazos para intentar tomarlo. Sin embargo parece que el insecto era mucho más inteligente que yo. Tan pronto como mis músculos se contrajeron dio un salto y volvió a perderse entre la vegetación del piso. Poco dispuesta a darme por vencida intenté seguirlo.
-Lara, no, estás haciendo demasiado ruido- Me regañó mi maestro.
Intenté detenerme pero mis pies tropezaron con alguna rama escondida debajo de las hojas y caí al suelo de rodillas.
Dougie contuvo la risa-¿Estás bien?-
-Si, si, no pasa nada- Contesté poniéndome de pie y sacudiendo la tierra de mis jeans.
-Creo que va a ser mejor si yo los atrapo- Metió la mano en uno de los bolsillos de su campera y saco un frasquito de vidrio con tres agujeros en la tapa-¿Crees que podrías hacerte cargo de sostener el frasco mientras tanto?-
Puse los ojos el blanco y le arrebate el objeto de entre las manos-Está bien, ¿estás seguro que no pongo en riesgo la misión?
Rió-Si te quedas sentada no, además, después de tanto ruido creo que ya los espantaste a todos-
Bufé y tomé asiento bajo uno de los árboles. Me quede sentada ahí mientras el chico rubio se desplazaba por todo el perímetro. No tardó demasiado en capturar al primero. Con delicadeza se acercó hasta donde yo estaba y lo metió dentro del frasco.
-¿Cuánto hace que te dedicas a esto?- Pregunté.
-¿A cazar grillos?-
Asentí en espera de una contestación.
Ladeó la cabeza pensando-Desde que estaba en secundaria, cuando empecé a criar reptiles en casa-
-¿Criabas reptiles en secundaria?-Pregunté sorprendida.
-Ajá, era una buena forma de conocer chicas-Dijo sarcástico
Contuve una carcajada-Me imagino-
-Es en serio-Espetó- No sólo tuve una serie de peinados punk asquerosos, sino que también había grillos saltando de entre mis útiles escolares, ¿a qué chica no le gusta eso?
Esta vez no pude controlarme y dejé que una risa escapara-¿Eso no lo compensaba estar en una banda?
-¿Cómo sabes…-
-¿Que estás en una banda?-Terminé la frase por él-Josh me lo contó-
Dougie avanzó unos pasos más hacia el oeste al divisar a un grillo descansando plácidamente sobre una rama-Estoy comenzando a pensar que ese chico me espía o algo así, ¿Qué más te dijo?
Me rasqué la barbilla intentando recordar-No mucho más, dijo que llegaste hace una semana… están en el grupo de…
-Con los adictos-Aclaró-Llegué a Priory en Junio, sólo que las primeras semanas  no salí de mi habitación, el período de desintoxicación es…-
-No es necesario que me cuentes, no soy uno de tus médicos-
El chico asintió aliviado y siguió con su cacería-¿Y qué te trajo a Priory?
Apoyé la cabeza sobre el tronco del árbol-Mis padres y un trastorno bipolar, ¿vos viniste por tu cuenta?-
-No-Se acercó a una vez más a mí y depositó un último grillo en el frasco, con ese ya eran cinco. No estaba segura del tamaño de Rex, pero parecían suficientes-Tom me trajo, es uno de los chicos de la banda-
Levanté el frasco para que ambos pudiéramos observar el resultado –Todavía no me dijiste el nombre de tu banda-
-Todavía no me dijiste tu nombre completo, ni cuántos años tenés-Espetó-Es mi turno de hacer las preguntas-
-Lara Bloom, 21, ¿puedo seguir ahora?-
-¡No!-Se quejó-Recién estoy empezando-
Emití un bufido-Bien, pero yo tampoco sé cuantos años tenés-
-23- Informó rápidamente-Ya sabes que soy músico, ¿vos a qué te dedicas?
-Estudio Arte en Oxford, al menos así era antes de que me encerraran acá-
Dougie me dedicó una sonrisa torcida- Los mejores artistas están locos-
Reí con suavidad-Supongo, ¿qué instrumento tocas?-
-Soy bajista y a veces canto un poco-
Mordí mi labio inferior-¿Cantarías para mí?-
-Eso depende-Respondió divertido- ¿pintarías algo para mí?
Al oír su petición recordé las acuarelas ocultas en el armario de mi dormitorio- Tal vez-
-¿Tal vez si o tal vez no?-
-Sólo tal vez- Puse los ojos en blanco y luego clavé la vista en  el frasco con los grillos- Deberíamos llevarle esto a Rex-
-Deberíamos- Convino mientras me ayudaba a pararme-Además, tenemos que volver antes de que los enfermeros terminen su turno y nos dejen encerrados afuera, la próxima intenta llegar a tiempo-
-¿Próxima?-
-Sí, bueno, esto es una tarea de todos los días, me vendría bien una mano…-Noté el nerviosismo en su voz-¿Te gustaría ayudarme?
Torcí el gesto-¿Puedo seguir haciéndote preguntas?-
-Todas las que quieras-
-Es un trato entonces- Extendí mi mano para estrecharla con la suya.
-Trato-Tomó la mano que le tendía y comenzó a arrastrarme de vuelta a la clínica.
Recorrimos el tramo del patio en silencio, no podíamos arriesgarnos  a hacer algún tipo de sonido que pudiera incriminarnos. Al llegar al comedor, la puerta seguía abierta. No tuvimos problemas para burlar a los enfermeros una vez más. Ambos estaban profundamente dormidos sobre la mesa. Cuando pasamos junto a ellos Dougie y yo contuvimos la risa.
Seguimos avanzando por los pasillos. Me sentí algo perturbada al no reconocer el camino. Dougie había insistido en que tomáramos un ‘atajo’ pero yo estaba completamente desorienta.
-Acá es dónde nos separamos, tu cuarto esta al final del pasillo-Explicó señalándolo.
Asentí y luego recordé una pregunta que había olvidado hacerle-¿Cómo pusiste la nota sobre mi cama?-
-Tengo mis contactos- Se encogió de hombros-
-¿A qué te referís?
El chico suspiró, estaba agotado-Anda a dormir Lara, ya vas a tener tiempo para más  preguntas, no es como si ya no fuera a estar en la mañana-
Asentí. Había ganado, por el momento. –Hasta mañana Dougie-
-Que duermas bien-
Retomé la caminata con pasos sigilosos. Me prometí a mi misma que no miraría hacia atrás, pero mi curiosidad era más fuerte, por lo que a mitad de camino me giré para comprobar que Dougie se había ido. Y en efecto, ya no se veía al chico de cabellera rubia.
Durante nuestro rápido pasaje por la cocina había echado un vistazo al reloj. Eran las 3am, tenía turno con el Doctor Lawson a las 10am, lo que me dejaba un par de horas para descansar.


Me puse el pijama y devolví el montón de ropa al placar. Mientras ordenaba mis zapatillas abrí la caja que contenía las acuarelas. Mi secreto, la parte de mi hogar que me había traído conmigo a Priory. Pensé en Dougie y Rex, en Charlotte y sus cigarrillos, parecía que todos  teníamos algo que esconder.  Volví a colocarle su tapa a la caja, cerré el ropero y luego me acosté.

domingo, 11 de agosto de 2013

Capítulo 2

Josh pareció satisfecho con mi respuesta porque ya no volvió a hablar. Con movimientos sigilosos Doug abrió el tejido por un extremo y lo atravesó, luego volvió a cerrarlo tras de sí. Todos estos movimientos los realizó con la mano derecha mientras que la izquierda se mantuvo cerrada en un puño, como si estuviera reteniendo algo en ella.
El espacio entre los arbustos y las rejas era demasiado angosto para  dos personas, por lo que él y yo estábamos bastante cerca el uno del otro.
-¿Podrías guardar un secreto? – Me interrogó-
Sentí su aliento chocando contra mi piel. Otro estremecimiento. Asentí, incapaz de articular palabra alguna.
Él me dedicó una sonrisa, luego extendió su mano. Cerré  los ojos temerosa de lo que pudiera haber en ella.
Oí como intentaba contener la risa, esto me hiso enfurecer, por lo que me armé de valor y abrí los ojos.
Sobre la mano de Doug descansaba un pequeño e inofensivo grillo. Lo miré extrañada mientras tomaba al pequeño insecto en mis manos, ¿un grillo?, ¿quién se escapa para cazar grillos?
Él me miro sorprendido mientras tenía al bichito, ¿qué esperaba?, ¿qué gritara del miedo?
-¿Por qué…?-
Doug colocó su dedo índice sobre mis labios para que me callara-Deberías volver-
Sentí unas ganas incontrolables de insultarlo, ¿quién se creía que era para darme órdenes?, además, ¿por qué estaba haciendo todo eso?, ese chico estaba loco.
Bufé para darle  a entender mi descontento. Luego le devolví el grillo y di media vuelta.
-Gracias Lara –
Puse los ojos de blanco-De nada Doug-
-Es Dougie, Dougie Poynter- Me aclaró pero yo no respondí. Ya  estaba demasiado lejos. Atravesé los arbustos y regresé a dónde se encontraban los demás.
No estoy segura de cuánto tiempo habremos permanecidos sentados allí. Pero no pude evitar mirar de soslayo el arbusto donde había dejado a Dougie, ¿se quedaría hasta que nosotros nos marcháramos?
Charlotte y Josh se embarcaron rápidamente en una nueva conversación musical, esta vez intentaban nombrar a los demás miembros del Club de los 27.
Continuamos charlando, descubrí que Charlotte tenía 21, igual que yo y ya llevaba dos meses en Priory, lo que me hizo preguntarme qué tan extensa sería mi estadía en este lugar. El chico tenía 23 y había llegado al hospital hacía un mes. Jenna era la menor, con sólo 18, se había pasado la vida entrando y saliendo de hospitales, así que ya no se molestaba en llevar la cuenta.
Por fin las últimas colillas de los cigarrillos se extinguieron y nosotros retornamos al interior del hospital.
Mientras nos alejábamos eché un último vistazo a los arbustos, pero no vi ningún rastro del chico rubio.
El resto de la tarde nos la pasamos juntos, sentados en los sillones de la sala de recreación. La cual consistía en un par de sillones, un plasma y varios juegos de mesa repartidos en estanterías. A nuestro alrededor los pacientes jugaban a las cartas ente ellos.
Serían alrededor de las 20 cuando decidí llamar a casa. En uno de los pasillos en la entrada del sanatorio había un teléfono público, el enfermero que me había dado la bienvenida me había explicado que podría usarlo siempre en cuando tuviera dinero para pagarlo.
Al oír esto mamá y papá me dejaron una pila enorme de monedas para que pudiera comunicarme con ellos en cuanto quisiera.
A medida que avanzaba por el pasillo tanteé las circunferencias de metal en los bolsillos de mi campera deportiva. ¿A quién llamaría primero? Seguramente mis amigas morirían por saber de mí, pero no me sentía preparada para hablar con ninguna de ellas, había estado evitándolas desde aquella trágica noche.
Estaba a unos metros del teléfono cuando divisé la cola de personas junto a este. Al parecer no era la única deseosa por comunicarme con el mundo exterior.
En silencio me coloqué detrás de una mujer canosa que parecía tener alguna clase de tic nervioso. Decidí aprovechar ese tiempo de espera para pensar a quien llamar.
No quería hablar con mis padres, al menos no por ahora. Me había costado bastante atravesar el día sin pensar en ellos, temía que al llamarlos podría recordar lo mucho que los extrañaba y terminaría llorando, rogándoles que fueran por mí y me dejaran volver a casa.
-¿En qué estás pensando?- Inquirió una voz familiar.
Di vuelta el rostro para encontrarme con Dougie- ¿Vos también pensas hacer todas las preguntas sin otorgarme ninguna respuesta?
-¿A qué te referís con ‘vos también’?
Suspiré-El médico que vino a verme esta mañana, me atacó con todas esas preguntas, anotando todo lo que decía en ese estúpido cuaderno y – Me detuve un instante, él no tenía ni idea de lo que estaba diciendo, aunque en realidad no es como si importara mucho, Me había conocido en un hospital para adictos y trastornados, ¿qué esperaba?-
-Veo que ya conociste al Doctor Lawson-Comentó divertido.
-¿Doctor Lawson?
Dougie paso una mano por su cabello- Es el psiquiatra, no es tan malo como parece. Necesitas darle tiempo.
-Pensé que nadie te caía bien- Susurré más para mí que para él.
El chico me miró frunciendo el ceño-¿Y qué te hizo pensar eso?-
-Bueno…-Me mordí el labio, había hablado de más-Josh dice que siempre estás callado y evitando a todo el mundo-
-¿El chico de pelo rizado?-
Asentí esperando que no se enojara con él por mi culpa.
-Puede que parezca algo agresivo a veces, pero no vine a Priory a hacer amigos.
Contuve una risa sarcástica-¿Te parece que alguno de nosotros sí?
Dougie no respondió, sólo se encogió de hombros.
-¿Y qué pasa con los grillos?, ¿ellos son tus amigos?
Su boca se curvó en una sonrisa resplandeciente-Son un regalo para un amigo-
-¿Cómo?- Lo miré extrañada lo que provocó que su sonrisa se tornara en una carcajada.
-Es una larga historia Lara, es mejor que lo dejemos así-
-No, de ninguna manera-Me quejé- Yo te cubrí, ahora exijo que me cuentes.
Él negó con la cabeza-No puedo, es un secreto.
-¿No te demostré ya que soy capaz de ser discreta?-Espeté frustrada-¡Te defendí sin siquiera conocerte!-
-Lo único que demostraste con eso es que sos inocente y confías en extraños-
Puse los ojos en blanco-¡Por favor!
Dougie mi escudriñó con la mirada, parecía estar deliberando en su mente. Puse mi mejor cara para persuadirlo
-Podrías meterte en problemas-Advirtió.
-Estoy encerrada en un hospital, créeme que ya no hay nada que puedan hacer para castigarme más.
Volvió a reír- No lo sé Lara…
Estaba a punto de volver a insistirle cuando una voz atrajo mi atención.
-¿Podrías apurarte?-Me regañó una mujer detrás de Dougie-Algunos tenemos asuntos importantes que atender.
Rápidamente volví el rostro hacia el teléfono, ahora desocupado. Fulminé al chico con la mirada para darle a entender que esta conversación no estaba terminada y luego me acerqué al aparato.
Coloqué dos monedas en las ranuras y esperé a que me dieran tono mientras terminaba de decidir a quién llamar. Mi charla con Dougie me había hecho olvidarlo por completo.
Cuando por fin me decidí marqué el número de forma frenética. Estaba ansiosa por hablar con ella.
……
Caminaba lentamente de regreso a mi cuarto después de cenar con Charlotte, Josh y Jenna.
No había podido hablar con Dougie al colgar el teléfono porque él se había marchado.
Consideré preguntarle a la mujer que nos había interrumpido si sabía a dónde había ido, pero esta parecía furiosa conmigo por haber atrasado la fila.
Tan pronto como vio que colgaba el auricular se abalanzo sobre el aparato. Le dediqué mi mejor cara de pocos amigos. A lo que ella respondió alisando su fino vestido. Contuve las ganas de insultarla sólo porque era una mujer mayor.
Jenna pasaba por ahí y me indicó que la acompañara de vuelta a la sala con los demás. Así que tampoco tuve ocasión de buscar al chico.
Antes de darme cuenta se habían vuelto las 21 y fuimos a la cafetería rogando porque la comida de la noche fuera un poco más agradable que en el almuerzo.
No tuvimos mucho éxito con eso. La cena consistía en el mismo engrudo del medio día sólo que esta vez estaba acompañado por una hamburguesa cuya carne era de procedencia dudosa. De todas formas para esas alturas mi estómago rogaba por algo de calorías así que me la tragué sin chistar.
Noté que Charlotte volvía a estar sin bandeja, ¿cuánto llevaba sin comer?, ¿días? Josh y Jenna no hicieron ningún comentario al respecto y procuraban evitar mirar sus manos vacías, yo los imité. No era mi trabajo juzgar a nadie.
Una vez que terminamos de comer los enfermeros nos indicaron que debíamos volver a nuestros cuartos. En Priory las luces se apagan a las 23 y todos los pacientes deben estar en sus habitaciones.
Ya eran las 22:45 así que nos despedimos y nos dirigimos rápidamente a nuestros dormitorios.
Una vez dentro del mío me dejé caer en la cama. Las paredes blancas se me hicieron un poco más irritantes que en la mañana. Sin la luz solar adoptaban un color enfermizo. Giré la cabeza para evitarlo y fue entonces cuando escuché el crujir de un papel bajo la nuca.
Preocupada me senté en la cama y examiné la almohada. Sobre esta descansaba un papel, ahora doblado por el peso de mi cráneo. Me rasqué la cabeza y luego lo tomé.

‘Alambrado, 12 pm, no llegues tarde – D’