jueves, 29 de agosto de 2013

Capítulo 5

-Lara, ¿me estás escuchando?  -
Alcé la vista para encontrarme con el rostro frustrado de Charlotte, quien me llamaba la atención por tercera vez.
-Lo siento – Balbuceé  cuando recobré el sentido.
Josh me miraba desde el otro lado de nuestra mesa. Había preocupación en sus rostro -¿No tenés hambre?-
Bajé la vista a mi bandeja intacta. Ni siquiera me había molestado en jugar con el asqueroso puré de un color anaranjado. Me encogí de hombros – Se me cerró el estómago –
-¿Cuánto hace que no dormís? – Inquirió Jenna limpiando la mesa frenéticamente con uno de sus pañuelos descartables – Tus ojeras van en aumento estos días –
Suspiré. Sabía que tenían razón. Mi estadía en Priory ya se había extendido a tres semanas. Al principio todo había esto bien. El Doctor Lawson aceptó mi decisión de dejar la medicación por el momento. Nuestras sesiones giraban en torno a mi última noche en la universidad y en estos últimos días, en torno a Dougie, todavía estaba sorprendida de que supiera que  lo conocía. Sin embargo no sospechaba de nuestras escapadas al bosque por las noches, al menos no daba indicios de hacerlo.
El chico rubio y yo continuamos con nuestro encuentro a la media noche.  Consideré que ese era el causante de mis ojeras. Después de todo, solíamos volver tarde y una vez que lograba acostarme me costaba bastante trabajo dormir. Con respecto a la falta de apetito, decidí culpar a la poca variación y aspecto desagradable del menú.
-Estoy teniendo algunos problemas para dormir – Respondí a la chica colorada que me miraba expectante.
Josh se acercó un poco más a mí - ¿Le has contado al Doctor Lawson sobre esto?-
Negué con la cabeza. ¡Por supuesto que no! Sabía lo que él pensaría al respecto de mi insomnio y falta de apetito, eran los síntomas. Los conocía bien, pero me negaba a aceptarlo. Había pasado la última semana convenciéndome de que todo era una inoportuna consecuencia y hasta ahora, había sido exitosa.
-Déjala en paz Josh – Intervino Charlotte y se lo agradecí – No es asunto tuyo –
El chico de rizos adoptó una posición más erguida en su silla. Le dedico a la rubia una mirada de desprecio como nunca antes había visto. – Como quieras –
La chica tiró su larga cabellera platinada hacia atrás y se frotó los ojos con la palma de la mano – Que clima tan deprimente –
Todos clavamos la vista en la ventana que daba al patio, la misma se encontraba cerrada a causa de la lluvia que nos había mantenidos encerrados durante todo el día.
Pensé en Dougie y nuestras escapadas nocturnas, ¿se suspendería la de hoy por lluvia? Había albergado esperanzas de que el clima mejorar para la noche. Pero ya eran las 9 pm y no parecía que la cosa fuera a mejorar.  Inconscientemente lo busqué con la vista. Estaba sentado en la mesa de siempre, cuando nuestras miradas se encontrar me guiñó el ojo. Contuve la sonrisa de idiota que se dibujaba en mi rostro.
-A mí me gusta – Espetó Jenna – La lluvia limpia el ambiente –
Continuamos hablando de temas sin importancia hasta alrededor de las 10 pm. Dougie se fue a su cuarto un rato antes, por lo que no tuve oportunidad de preguntarle si la ‘cita’ de esta noche seguía en pie. Como sea, la respuesta me llegó cuando a media noche sentí unos tímidos golpes en la puerta de mi dormitorio.
-¿Puedo pasar? – Preguntó.
Abrí más la puerta y lo dejé entrar. Era la primera vez que alguien entraba a parte del Doctor Lawson y algunos enfermeros. Me avergoncé un poco al notar que la cama estaba des tendida de la mañana. Por suerte no había nada especialmente personal sobre la cama o algo así, mi pijama de ositos estaba escondido bajo la almohada.
-¿Se suspende la misión? – Inquirí algo decepcionada y dejando la campera, que estaba poniéndome para salir, sobre la mesita de luz.
El chico dejó caer su cuerpo sobre la cama – Eso me temo, el clima no nos acompaña-
Mordí mi labio inferior algo dudosa  – Bien- 
-Bien – Repitió y clavó la vista en el techo.
Con pasos lentos me acerqué a la cama y me recosté junto a él, sólo unos centímetros separaban nuestras manos.
Volvió su rostro hacia mí y me dedicó una sonrisa torcida – Supongo que tendría que irme.
-No es necesario – Las palabras salieron de mi boca sin que pudieras controlarla, me preocupó que me hicieran sonar desesperada – Digo, si no querés –
-No quiero – Respondió con la misma rapidez – No puedo dormir, al menos no tan temprano, ya estoy acostumbrado a acostarme pasadas las 3am-  Estiró más la mano para tomar la mía – Pero si estás cansada…-
-Yo tampoco puedo dormir, tengo insomnio – Admití.
Dougie acarició el dorso de mi mano  - Le hablaste a…
-No, no le dije al Doctor Lawson – Terminé la frase por él un tanto molesta – No puedo contarle –
El chico arqueó las cejas – Creo que hay algo que me estoy perdiendo, se supone que tiene que ayudarte –
Tomé una gran bocanada de aire – Justamente por eso no puedo contarle-
-Lara por favor,  sé más clara-
-¿Cuánto sabes del trastorno bipolar? – Pregunté temerosa.
Ladeo la cabeza y pensó unos minutos – Antes pensaba que tenían cambios de humor bruscos, pero conociéndote a vos, bueno, eso no parece muy cierto –
Asentí – Eso es porque eso es una explicación demasiado general- Me acurruqué un poco más en mi lugar – Los bipolares tipo dos, como yo, tenemos períodos, de alegría y de tristeza –
-Ajá, entiendo –
-Bueno, cada período tiene algunos… síntomas, indicios – Tragué saliva – Hiperactividad, excesos en las comidas,  poca necesidad de sueño y cosas así en los períodos felices.
-¿Y las tristes? –
Bajé la mirada – Se podría decir que todo lo contrario –
-¿Te preocupa? – Inquirió.
-Algo… la última vez no fue…  tan fácil –
Dougie me abrazó con delicadeza, ya me estaba acostumbrando a que hiciera eso, la sensación de sus brazos alrededor de mi cuerpo -¿Te sentís igual que esa última vez?-
Negué con la cabeza – No, esa vez era distinto – Apoyé mi cabeza en su pecho y me concentré en su respiración – ¿Conoces esa sensación…
-¿Qué sensación? – Me animó a que continuara.
-La de sentirte incómodo en tu propia piel – Dije mirándolo directamente a los ojos.
Él me sostuvo la mirada, supe que me entendía incluso antes de que asintiera con la cabeza.
-¿Qué haces cuando te sentís así? –
-Por lo general pinto – Expliqué entre susurros.
-Bien, podemos hacer eso – Se puso de pie – Necesitamos algún tipo de pintura… -
Yo también me puse de pie – Eso ya está cubierto – Dije y abrí el ropero para sacar las acuarelas de su escondite.
Dougie sonrió, le había mostrado mi secreto.
-Ahora necesitamos papel y sólo tengo un pincel… -
-¿Papel? – Preguntó confundido. Luego se acercó al armario pero en lugar de abrirlo tiró de él y lo movió. Una porción blanca de pared quedo al descubierto - ¿Puede funcionar como reemplazo?-
-Creo que va a servir – Convine mientras tomaba un el vaso descartable que estaba sobre la mesita de luz y me dirigía al baño para llenarlo con agua.
Yo tomé el pincel y él se contentó con usar los dedos. Ni siquiera nos molestamos en plantearnos que pintar. De forma automática Dougie eligió un color azul oscuro para pintar el cielo y yo dibujé un par de árboles con diferentes tonos de marrón. Era el bosque, nuestro bosque.
No estoy segura de cuánto tiempo transcurrió. Pero antes de darme cuenta nuestra pintura estaba terminada. Nos alejamos unos pasos para poder observarla mejor.
-Se te da bastante bien – Lo elogié dejando el pincel dentro del vaso de agua, esta estaba ahora teñida de un color oscuro - ¿Lo habías hecho antes? –
Negó con la cabeza – No, pero es divertido – 
Me atrajo hacia él por la cintura – Somos un buen equipo –
-Eso creo – Admití con una sonrisa.
-Tenés una mancha- Advirtió señalando mi cachete derecho.
-¿Ah  sí?- Dije refregándome con la mano -¿Ya está?-
-No, déjame ayudarte – Se ofreció.
Me quede quieta mientras el acercaba su mano a mi rostro. Sin embargo, en lugar de quitar la mancha Dougie aprovechó la oportunidad para manchar aún más mi casa con pintura negra.
-¡Hey!- Me quejé y volví a tomar el pincel. Con movimientos rápidos logré devolverle el favor. Sólo que como se movía tanto le manché el cuello en lugar de la cara.
-¡Estás en serios problemas! – Me amenazó en plan de broma y comenzó  perseguirme por todo el dormitorio.
En cierto momento me tropecé a causa del acolchado de mi cama des tendida. Emití un gritito y me dejé caer sobre la cama. El chico detrás de mi no pudo detenerse a tiempo por lo que también cayó.
-¡Tregua! – Grité en un tono más elevado del conveniente.
-¡Sh! – Me regañó - ¿Querés despertar a toda la clínica?-
Me tape la boca para intentar contener la risita histérica.
Dougie me miró y rió.
Suspiré  una vez que logré calmarme –Lo siento.

Extendió su mano y me acarició el rostro con delicadeza. Cerré los ojos para contener un estremecimiento que subía por mi cuerpo. Él acerco su rostro un poco más al mío. Sentí su respiración chocar contra mi piel, olí su perfume, aunque en el transcurso de estos días ya me estaba acostumbrando. De pronto me pareció que todo daba vueltas. Dougie acortó la distancia que nos separaba y me besó. 

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