Josh pareció satisfecho con mi respuesta porque ya no
volvió a hablar. Con movimientos sigilosos Doug abrió el tejido por un extremo
y lo atravesó, luego volvió a cerrarlo tras de sí. Todos estos movimientos los
realizó con la mano derecha mientras que la izquierda se mantuvo cerrada en un
puño, como si estuviera reteniendo algo en ella.
El espacio entre los arbustos y las rejas era demasiado
angosto para dos personas, por lo que él
y yo estábamos bastante cerca el uno del otro.
-¿Podrías guardar un secreto? – Me interrogó-
Sentí su aliento chocando contra mi piel. Otro
estremecimiento. Asentí, incapaz de articular palabra alguna.
Él me dedicó una sonrisa, luego extendió su mano.
Cerré los ojos temerosa de lo que
pudiera haber en ella.
Oí como intentaba contener la risa, esto me hiso
enfurecer, por lo que me armé de valor y abrí los ojos.
Sobre la mano de Doug descansaba un pequeño e inofensivo
grillo. Lo miré extrañada mientras tomaba al pequeño insecto en mis manos, ¿un
grillo?, ¿quién se escapa para cazar grillos?
Él me miro sorprendido mientras tenía al bichito, ¿qué
esperaba?, ¿qué gritara del miedo?
-¿Por qué…?-
Doug colocó su dedo índice sobre mis labios para que me
callara-Deberías volver-
Sentí unas ganas incontrolables de insultarlo, ¿quién se
creía que era para darme órdenes?, además, ¿por qué estaba haciendo todo eso?,
ese chico estaba loco.
Bufé para darle a
entender mi descontento. Luego le devolví el grillo y di media vuelta.
-Gracias Lara –
Puse los ojos de blanco-De nada Doug-
-Es Dougie, Dougie Poynter- Me aclaró pero yo no
respondí. Ya estaba demasiado lejos.
Atravesé los arbustos y regresé a dónde se encontraban los demás.
No estoy segura de cuánto tiempo habremos permanecidos
sentados allí. Pero no pude evitar mirar de soslayo el arbusto donde había
dejado a Dougie, ¿se quedaría hasta que nosotros nos marcháramos?
Charlotte y Josh se embarcaron rápidamente en una nueva
conversación musical, esta vez intentaban nombrar a los demás miembros del Club
de los 27.
Continuamos charlando, descubrí que Charlotte tenía 21,
igual que yo y ya llevaba dos meses en Priory, lo que me hizo preguntarme qué
tan extensa sería mi estadía en este lugar. El chico tenía 23 y había llegado
al hospital hacía un mes. Jenna era la menor, con sólo 18, se había pasado la
vida entrando y saliendo de hospitales, así que ya no se molestaba en llevar la
cuenta.
Por fin las últimas colillas de los cigarrillos se
extinguieron y nosotros retornamos al interior del hospital.
Mientras nos alejábamos eché un último vistazo a los
arbustos, pero no vi ningún rastro del chico rubio.
El resto de la tarde nos la pasamos juntos, sentados en
los sillones de la sala de recreación. La cual consistía en un par de sillones,
un plasma y varios juegos de mesa repartidos en estanterías. A nuestro
alrededor los pacientes jugaban a las cartas ente ellos.
Serían alrededor de las 20 cuando decidí llamar a casa.
En uno de los pasillos en la entrada del sanatorio había un teléfono público,
el enfermero que me había dado la bienvenida me había explicado que podría
usarlo siempre en cuando tuviera dinero para pagarlo.
Al oír esto mamá y papá me dejaron una pila enorme de
monedas para que pudiera comunicarme con ellos en cuanto quisiera.
A medida que avanzaba por el pasillo tanteé las circunferencias
de metal en los bolsillos de mi campera deportiva. ¿A quién llamaría primero?
Seguramente mis amigas morirían por saber de mí, pero no me sentía preparada
para hablar con ninguna de ellas, había estado evitándolas desde aquella trágica noche.
Estaba a unos metros del teléfono cuando divisé la cola
de personas junto a este. Al parecer no era la única deseosa por comunicarme
con el mundo exterior.
En silencio me coloqué detrás de una mujer canosa que
parecía tener alguna clase de tic nervioso. Decidí aprovechar ese tiempo de
espera para pensar a quien llamar.
No quería hablar con mis padres, al menos no por ahora.
Me había costado bastante atravesar el día sin pensar en ellos, temía que al
llamarlos podría recordar lo mucho que los extrañaba y terminaría llorando,
rogándoles que fueran por mí y me dejaran volver a casa.
-¿En qué estás pensando?- Inquirió una voz familiar.
Di vuelta el rostro para encontrarme con Dougie- ¿Vos
también pensas hacer todas las preguntas sin otorgarme ninguna respuesta?
-¿A qué te referís con ‘vos también’?
Suspiré-El médico que vino a verme esta mañana, me atacó
con todas esas preguntas, anotando todo lo que decía en ese estúpido cuaderno y
– Me detuve un instante, él no tenía ni idea de lo que estaba diciendo, aunque
en realidad no es como si importara mucho, Me había conocido en un hospital
para adictos y trastornados, ¿qué esperaba?-
-Veo que ya conociste al Doctor Lawson-Comentó divertido.
-¿Doctor Lawson?
Dougie paso una mano por su cabello- Es el psiquiatra, no
es tan malo como parece. Necesitas darle tiempo.
-Pensé que nadie te caía bien- Susurré más para mí que
para él.
El chico me miró frunciendo el ceño-¿Y qué te hizo pensar
eso?-
-Bueno…-Me mordí el labio, había hablado de más-Josh dice
que siempre estás callado y evitando a todo el mundo-
-¿El chico de pelo rizado?-
Asentí esperando que no se enojara con él por mi culpa.
-Puede que parezca algo agresivo a veces, pero no vine a
Priory a hacer amigos.
Contuve una risa sarcástica-¿Te parece que alguno de
nosotros sí?
Dougie no respondió, sólo se encogió de hombros.
-¿Y qué pasa con los grillos?, ¿ellos son tus amigos?
Su boca se curvó en una sonrisa resplandeciente-Son un
regalo para un amigo-
-¿Cómo?- Lo miré extrañada lo que provocó que su sonrisa
se tornara en una carcajada.
-Es una larga historia Lara, es mejor que lo dejemos así-
-No, de ninguna manera-Me quejé- Yo te cubrí, ahora exijo
que me cuentes.
Él negó con la cabeza-No puedo, es un secreto.
-¿No te demostré ya que soy capaz de ser
discreta?-Espeté frustrada-¡Te defendí sin siquiera conocerte!-
-Lo único que demostraste con eso es que sos inocente y
confías en extraños-
Puse los ojos en blanco-¡Por favor!
Dougie mi escudriñó con la mirada, parecía estar deliberando en su mente. Puse mi mejor cara para persuadirlo
-Podrías meterte en problemas-Advirtió.
-Estoy encerrada en un hospital, créeme que ya no hay
nada que puedan hacer para castigarme más.
Volvió a reír- No lo sé Lara…
Estaba a punto de volver a insistirle cuando una voz
atrajo mi atención.
-¿Podrías apurarte?-Me regañó una mujer detrás de
Dougie-Algunos tenemos asuntos importantes que atender.
Rápidamente volví el rostro hacia el teléfono, ahora
desocupado. Fulminé al chico con la mirada para darle a entender que esta
conversación no estaba terminada y luego me acerqué al aparato.
Coloqué dos monedas en las ranuras y esperé a que me
dieran tono mientras terminaba de decidir a quién llamar. Mi charla con Dougie
me había hecho olvidarlo por completo.
Cuando por fin me decidí marqué el número de forma
frenética. Estaba ansiosa por hablar con ella.
……
Caminaba lentamente de regreso a mi cuarto después de
cenar con Charlotte, Josh y Jenna.
No había podido hablar con Dougie al colgar el
teléfono porque él se había marchado.
Consideré preguntarle a la mujer que nos había
interrumpido si sabía a dónde había ido, pero esta parecía furiosa conmigo por
haber atrasado la fila.
Tan pronto como vio que colgaba el auricular se abalanzo
sobre el aparato. Le dediqué mi mejor cara de pocos amigos. A lo que ella
respondió alisando su fino vestido. Contuve las ganas de insultarla sólo porque
era una mujer mayor.
Jenna pasaba por ahí y me indicó que la acompañara de
vuelta a la sala con los demás. Así que tampoco tuve ocasión de buscar al chico.
Antes de darme cuenta se habían vuelto las 21 y fuimos a
la cafetería rogando porque la comida de la noche fuera un poco más agradable
que en el almuerzo.
No tuvimos mucho éxito con eso. La cena consistía en el
mismo engrudo del medio día sólo que esta vez estaba acompañado por una
hamburguesa cuya carne era de procedencia dudosa. De todas formas para esas
alturas mi estómago rogaba por algo de calorías así que me la tragué sin
chistar.
Noté que Charlotte volvía a estar sin bandeja, ¿cuánto
llevaba sin comer?, ¿días? Josh y Jenna no hicieron ningún comentario al
respecto y procuraban evitar mirar sus manos vacías, yo los imité. No era mi
trabajo juzgar a nadie.
Una vez que terminamos de comer los enfermeros nos
indicaron que debíamos volver a nuestros cuartos. En Priory las luces se apagan
a las 23 y todos los pacientes deben estar en sus habitaciones.
Ya eran las 22:45 así que nos despedimos y nos dirigimos
rápidamente a nuestros dormitorios.
Una vez dentro del mío me dejé caer en la cama. Las
paredes blancas se me hicieron un poco más irritantes que en la mañana. Sin la
luz solar adoptaban un color enfermizo. Giré la cabeza para evitarlo y fue
entonces cuando escuché el crujir de un papel bajo la nuca.
Preocupada me senté en la cama y examiné la almohada.
Sobre esta descansaba un papel, ahora doblado por el peso de mi cráneo. Me
rasqué la cabeza y luego lo tomé.
‘Alambrado,
12 pm, no llegues tarde – D’
Me encanto! cuando vas a seguir subiendo?
ResponderBorrarHola! Me alegro de que te guste, subo capítulos todos los viernes :)
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