domingo, 11 de agosto de 2013

Capítulo 2

Josh pareció satisfecho con mi respuesta porque ya no volvió a hablar. Con movimientos sigilosos Doug abrió el tejido por un extremo y lo atravesó, luego volvió a cerrarlo tras de sí. Todos estos movimientos los realizó con la mano derecha mientras que la izquierda se mantuvo cerrada en un puño, como si estuviera reteniendo algo en ella.
El espacio entre los arbustos y las rejas era demasiado angosto para  dos personas, por lo que él y yo estábamos bastante cerca el uno del otro.
-¿Podrías guardar un secreto? – Me interrogó-
Sentí su aliento chocando contra mi piel. Otro estremecimiento. Asentí, incapaz de articular palabra alguna.
Él me dedicó una sonrisa, luego extendió su mano. Cerré  los ojos temerosa de lo que pudiera haber en ella.
Oí como intentaba contener la risa, esto me hiso enfurecer, por lo que me armé de valor y abrí los ojos.
Sobre la mano de Doug descansaba un pequeño e inofensivo grillo. Lo miré extrañada mientras tomaba al pequeño insecto en mis manos, ¿un grillo?, ¿quién se escapa para cazar grillos?
Él me miro sorprendido mientras tenía al bichito, ¿qué esperaba?, ¿qué gritara del miedo?
-¿Por qué…?-
Doug colocó su dedo índice sobre mis labios para que me callara-Deberías volver-
Sentí unas ganas incontrolables de insultarlo, ¿quién se creía que era para darme órdenes?, además, ¿por qué estaba haciendo todo eso?, ese chico estaba loco.
Bufé para darle  a entender mi descontento. Luego le devolví el grillo y di media vuelta.
-Gracias Lara –
Puse los ojos de blanco-De nada Doug-
-Es Dougie, Dougie Poynter- Me aclaró pero yo no respondí. Ya  estaba demasiado lejos. Atravesé los arbustos y regresé a dónde se encontraban los demás.
No estoy segura de cuánto tiempo habremos permanecidos sentados allí. Pero no pude evitar mirar de soslayo el arbusto donde había dejado a Dougie, ¿se quedaría hasta que nosotros nos marcháramos?
Charlotte y Josh se embarcaron rápidamente en una nueva conversación musical, esta vez intentaban nombrar a los demás miembros del Club de los 27.
Continuamos charlando, descubrí que Charlotte tenía 21, igual que yo y ya llevaba dos meses en Priory, lo que me hizo preguntarme qué tan extensa sería mi estadía en este lugar. El chico tenía 23 y había llegado al hospital hacía un mes. Jenna era la menor, con sólo 18, se había pasado la vida entrando y saliendo de hospitales, así que ya no se molestaba en llevar la cuenta.
Por fin las últimas colillas de los cigarrillos se extinguieron y nosotros retornamos al interior del hospital.
Mientras nos alejábamos eché un último vistazo a los arbustos, pero no vi ningún rastro del chico rubio.
El resto de la tarde nos la pasamos juntos, sentados en los sillones de la sala de recreación. La cual consistía en un par de sillones, un plasma y varios juegos de mesa repartidos en estanterías. A nuestro alrededor los pacientes jugaban a las cartas ente ellos.
Serían alrededor de las 20 cuando decidí llamar a casa. En uno de los pasillos en la entrada del sanatorio había un teléfono público, el enfermero que me había dado la bienvenida me había explicado que podría usarlo siempre en cuando tuviera dinero para pagarlo.
Al oír esto mamá y papá me dejaron una pila enorme de monedas para que pudiera comunicarme con ellos en cuanto quisiera.
A medida que avanzaba por el pasillo tanteé las circunferencias de metal en los bolsillos de mi campera deportiva. ¿A quién llamaría primero? Seguramente mis amigas morirían por saber de mí, pero no me sentía preparada para hablar con ninguna de ellas, había estado evitándolas desde aquella trágica noche.
Estaba a unos metros del teléfono cuando divisé la cola de personas junto a este. Al parecer no era la única deseosa por comunicarme con el mundo exterior.
En silencio me coloqué detrás de una mujer canosa que parecía tener alguna clase de tic nervioso. Decidí aprovechar ese tiempo de espera para pensar a quien llamar.
No quería hablar con mis padres, al menos no por ahora. Me había costado bastante atravesar el día sin pensar en ellos, temía que al llamarlos podría recordar lo mucho que los extrañaba y terminaría llorando, rogándoles que fueran por mí y me dejaran volver a casa.
-¿En qué estás pensando?- Inquirió una voz familiar.
Di vuelta el rostro para encontrarme con Dougie- ¿Vos también pensas hacer todas las preguntas sin otorgarme ninguna respuesta?
-¿A qué te referís con ‘vos también’?
Suspiré-El médico que vino a verme esta mañana, me atacó con todas esas preguntas, anotando todo lo que decía en ese estúpido cuaderno y – Me detuve un instante, él no tenía ni idea de lo que estaba diciendo, aunque en realidad no es como si importara mucho, Me había conocido en un hospital para adictos y trastornados, ¿qué esperaba?-
-Veo que ya conociste al Doctor Lawson-Comentó divertido.
-¿Doctor Lawson?
Dougie paso una mano por su cabello- Es el psiquiatra, no es tan malo como parece. Necesitas darle tiempo.
-Pensé que nadie te caía bien- Susurré más para mí que para él.
El chico me miró frunciendo el ceño-¿Y qué te hizo pensar eso?-
-Bueno…-Me mordí el labio, había hablado de más-Josh dice que siempre estás callado y evitando a todo el mundo-
-¿El chico de pelo rizado?-
Asentí esperando que no se enojara con él por mi culpa.
-Puede que parezca algo agresivo a veces, pero no vine a Priory a hacer amigos.
Contuve una risa sarcástica-¿Te parece que alguno de nosotros sí?
Dougie no respondió, sólo se encogió de hombros.
-¿Y qué pasa con los grillos?, ¿ellos son tus amigos?
Su boca se curvó en una sonrisa resplandeciente-Son un regalo para un amigo-
-¿Cómo?- Lo miré extrañada lo que provocó que su sonrisa se tornara en una carcajada.
-Es una larga historia Lara, es mejor que lo dejemos así-
-No, de ninguna manera-Me quejé- Yo te cubrí, ahora exijo que me cuentes.
Él negó con la cabeza-No puedo, es un secreto.
-¿No te demostré ya que soy capaz de ser discreta?-Espeté frustrada-¡Te defendí sin siquiera conocerte!-
-Lo único que demostraste con eso es que sos inocente y confías en extraños-
Puse los ojos en blanco-¡Por favor!
Dougie mi escudriñó con la mirada, parecía estar deliberando en su mente. Puse mi mejor cara para persuadirlo
-Podrías meterte en problemas-Advirtió.
-Estoy encerrada en un hospital, créeme que ya no hay nada que puedan hacer para castigarme más.
Volvió a reír- No lo sé Lara…
Estaba a punto de volver a insistirle cuando una voz atrajo mi atención.
-¿Podrías apurarte?-Me regañó una mujer detrás de Dougie-Algunos tenemos asuntos importantes que atender.
Rápidamente volví el rostro hacia el teléfono, ahora desocupado. Fulminé al chico con la mirada para darle a entender que esta conversación no estaba terminada y luego me acerqué al aparato.
Coloqué dos monedas en las ranuras y esperé a que me dieran tono mientras terminaba de decidir a quién llamar. Mi charla con Dougie me había hecho olvidarlo por completo.
Cuando por fin me decidí marqué el número de forma frenética. Estaba ansiosa por hablar con ella.
……
Caminaba lentamente de regreso a mi cuarto después de cenar con Charlotte, Josh y Jenna.
No había podido hablar con Dougie al colgar el teléfono porque él se había marchado.
Consideré preguntarle a la mujer que nos había interrumpido si sabía a dónde había ido, pero esta parecía furiosa conmigo por haber atrasado la fila.
Tan pronto como vio que colgaba el auricular se abalanzo sobre el aparato. Le dediqué mi mejor cara de pocos amigos. A lo que ella respondió alisando su fino vestido. Contuve las ganas de insultarla sólo porque era una mujer mayor.
Jenna pasaba por ahí y me indicó que la acompañara de vuelta a la sala con los demás. Así que tampoco tuve ocasión de buscar al chico.
Antes de darme cuenta se habían vuelto las 21 y fuimos a la cafetería rogando porque la comida de la noche fuera un poco más agradable que en el almuerzo.
No tuvimos mucho éxito con eso. La cena consistía en el mismo engrudo del medio día sólo que esta vez estaba acompañado por una hamburguesa cuya carne era de procedencia dudosa. De todas formas para esas alturas mi estómago rogaba por algo de calorías así que me la tragué sin chistar.
Noté que Charlotte volvía a estar sin bandeja, ¿cuánto llevaba sin comer?, ¿días? Josh y Jenna no hicieron ningún comentario al respecto y procuraban evitar mirar sus manos vacías, yo los imité. No era mi trabajo juzgar a nadie.
Una vez que terminamos de comer los enfermeros nos indicaron que debíamos volver a nuestros cuartos. En Priory las luces se apagan a las 23 y todos los pacientes deben estar en sus habitaciones.
Ya eran las 22:45 así que nos despedimos y nos dirigimos rápidamente a nuestros dormitorios.
Una vez dentro del mío me dejé caer en la cama. Las paredes blancas se me hicieron un poco más irritantes que en la mañana. Sin la luz solar adoptaban un color enfermizo. Giré la cabeza para evitarlo y fue entonces cuando escuché el crujir de un papel bajo la nuca.
Preocupada me senté en la cama y examiné la almohada. Sobre esta descansaba un papel, ahora doblado por el peso de mi cráneo. Me rasqué la cabeza y luego lo tomé.

‘Alambrado, 12 pm, no llegues tarde – D’

2 comentarios:

  1. Me encanto! cuando vas a seguir subiendo?

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    1. Hola! Me alegro de que te guste, subo capítulos todos los viernes :)

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