El sol entraba por la ventana y caía suavemente sobre mis
nerviosos dedos, que no paraban de moverse.
-Es sólo una consulta-Intenté
tranquilizarme
Si el doctor Lawson me veía en ese estado, posiblemente no
me daría el alta nunca. ¿Qué es lo que tanto me asustaba de él después de todo?
Lo había visto sólo una vez ayer y no se puede decir que hubiera sido
especialmente brusco conmigo. ¿Sería tal vez que temía que supiera lo de mi
escape la noche anterior?
Sonreír al recordar mi encuentro con Dougie en el alambrado.
La experiencia me seguía pareciendo un tanto extraña, como si hubiera sido un
sueño. Más aún, cuando esa misma mañana, durante el desayuno, me había cruzado
‘accidentalmente’ con él y había actuado como si nada.
No había sido especialmente indiferente. Pero después de
nuestra conversación esperaba algo más que una simple sonrisa torcida.
-Ese es tu problema-Me
regañó mi subconsciente- Esperas
demasiado de las personas, las idealizas.
Bufé y me revolví en la silla de la sala de espera, frente
al despacho del Doctor Lawson. Revisé la hora en el reloj de muñeca que le
había pedido prestado de Jenna durante el desayuno, antes de que el enfermero
me recogiera para mi cita con el doctor.
Decidí no darme por
vencida, tal vez Dougie sólo intentaba mantener las apariencias para que nadie
sospechara. Era una opción mucho más prometedora que pensar que me estaba
evitando, no me soportaba o peor aún, se avergonzaba de mí. Torcí el gesto al
notar lo mucho que me importaba la opinión que el chico tenía de mí. Esto
estaba mal.
-Lara -Me llamó la conocida voz del Doctor, estaba asomado a
la puerta de su consultorio- Adelante por favor-
Asentí, me puse de pie y entré.
El cuarto lucía como cualquier otro. Bastante similar al de
los demás psicólogos que había visitado durante mi infancia. Como supondrán
ninguno de ellos pudo ‘curarme’, por algo estaba ahora en Priory.
-Toma asiento – Me indicó con amabilidad y señaló un cómodo
sillón individual de color negro.
Me dejé caer en el sofá y cerré los ojos mientras sentía como
mi cuerpo se hundía en los suaves almohadones. Me estaba preparando para el
interminable interrogatorio que me aguardaba.
-¿Te estás adaptando bien?- Inquirió mientras anotaba algo
en su odioso cuaderno. Estaba sentado en un sillón igual y enfrentado al
mío-Los enfermeros dicen que ya hiciste amigos.
-No sé si pueden considerarse amigos, apenas si los conozco-
El Doctor Lawson suspiró-No necesitas tanto tiempo para
conocer una persona, podes saber más de alguien teniendo una conversación de
minutos que de aquellos con los que convivís todos los días.
Me mordí el labio y pensé en Dougie, en nuestras preguntas
de la noche anterior, ¿era eso a lo que se refería?
-¿Cuánto hace que no tomas tu medicación? – Preguntó al
notar que yo no pretendía seguir hablan de mis nuevos ‘amigos’
Mentalmente conté los días desde la noche en que había
tenido el incidente. Después de eso el sólo hecho de pensar en las pastillas me
daba ganas de vomitar. –Un par de semanas-
El médico dejo de escribir y me miró directo a los ojos-¿Y
cómo lo estás llevando?-
-Bien-Bajé la vista-
-Bien-Repitió y volvió a sus anotaciones-Hoy mismo podes
empezar con la nueva…-
-¿Cómo? – Lo interrumpí algo aturdida. La idea de volver a
estar medicada no me entusiasmaba en absoluto- Creí que después de...-
-Que intentaras suicidarte con tus propios antidepresivos no
cambia el hecho de que todavía necesitas medicación-
Tragué saliva. Esa era una muy buena forma de decirlo sin
tacto ni delicadeza. ¿Y este hombre trataba con gente emocionalmente inestable
todos los días de su vida?, ¿quién le había dado el título?
-Además-Aclaró al notar la expresión estupefacta de mi
rostro-Esta vez sabemos que no se trata de una simple depresión-
-Eso es lo que dicen todos…- Susurré en tono seco-
El hombre detuvo la lapicera que se movía frenéticamente
sobre el papel y me dedicó una mirada de desconcierto-Entiendo que hayas tenido
malas experiencias en el pasado pero…-
-¿Entiende? – Pregunté con ironía – Discúlpeme Doctor pero
no puedo ver como lo entiende, ¿es usted bipolar?
Lawson tragó saliva. Definitivamente no esperaba eso de mi
parte. Pero no me importó, había estado guardando silencio por mucho tiempo. Él
estaba ahí para ayudarme, entonces era hora de que empezara a escucharme.
-¿Acaso le dieron el diagnóstico equivocado? - Me detuve para tomar aire y contener las
lágrimas que amenazaban con escapar - ¿Alguna vez pensó si quiera en quitarse
la vida?-
Nos sostuvimos las miradas el uno al otro durante unos
instantes de silencio que se me hicieron interminables. Por fin, él apartó el
rostro y habló.
-Nada de medicinas – Cedió y volvió a escribir – Por ahora-
Asentí –Gracias.
-No me agradezcas, todavía creo que esto es un terrible
error – Aclaró – Ya podes irte-
Rápidamente me puse de pie y me encaminé hasta la puerta.
Quería salir cuanto antes de ahí. No fuera cosa de que cambiara de opinión.
-Lara – Me llamo cuando yo ya sostenía la puerta detrás de
mí.
Me volví hacia él.
-Puede que no entienda todo por lo que pasaste – Dijo y noté
la honestidad en su voz – Pero me gustaría, quiero ayudarte.
Le dediqué una sonrisa torcida. Eso era inesperado, parecía
que el Doctor tenía corazón después de todo.
-Gracias – Repetí y cerré la puerta.
…
Me alejé de la oficina sin atreverme a mirar atrás. Estaba
hecha un manojo de nervios. Más que antes de entrar. Está bien, había explotado
y posiblemente había sido un tanto injusta con el pobre hombre. Después de
todo, él no era responsable de la amplia gama de incompetentes con los que
había tenido de lidiar a lo largo de mi vida. Pero no me arrepentía, al
contrario, me sentía liberada. Cómo se me hubiera sacado un peso de los
hombros. Me sentí un tanto desconcertada cuando dos lágrimas cayeron desde mis
ojos sobre mis mejillas. A ojos vista, todo esto era demasiado para mí, puede
que mis padres tuvieran razón, no estaba lista para el mundo exterior.
-¿Qué tal tu cita con el Doctor? –
Regresé a la realidad para encontrarme con el chico rubio
parado frente a la puerta de mi cuarto - ¿Qué estás haciendo?-Pregunté
limpiando las lágrimas con las mangas de mi buzo gris.
Dougie se encogió de hombros – Vengo a traerte una
invitación –
Arqueé las cejas - ¿Qué?-
-Rex quiere conocerte-
-Oh, ¿a qué debo tal honor? – Bromeé.
– Es una oportunidad única en la vida- Puso los ojos en
blanco y rió - ¿Venís o no?-
-Claro-
El chico tomo mi mano y empezó a arrastrarme por el pasillo.
Esto ya se le había hecho costumbre. Revisé el reloj, que por suerte estaba
alrededor de mi mano derecha, la libre. Eran las 11:30 am, mi charla con el
doctor había durado más de lo que pensaba. Agradecí que no hubiera hecho
preguntas sobre mis lágrimas, tal vez no lo había notado, o simplemente estaba
siendo educado.
-¿A dónde me estás llevando – Inquirí.
-Sh- Me regañó – Se supone que no puede haber chicas en el
ala este-
-¿Ala este?-
Dougie suspiró frustrado – Solamente espera a que lleguemos,
¿puede tu curiosidad aguantar?-
Asentí y apreté los labios para darle a entender que ya no
hablaría.
Por fin nos detuvimos frente a una puerta igual a la de mi
cuarto. Para ser sincera, todas eran exactamente iguales. Después de todo esto
era una clínica, no una especie de hotel de lujo.
Caí en la cuenta de
dónde estábamos antes siquiera de ver la cama desordenada. Era su dormitorio,
el ala este debía ser dónde estaban las habitaciones de los hombres.
-Rápido, Ben no va a poder cubrirnos por mucho tiempo – Dijo
metiéndome dentro.
-¿Ben? – La cabeza me daba vueltas con tantos secretos.
El chico chasqueo la lengua-Él es mi contacto – Confesó.
-¿El que puso la carta en mi cama?-
-Ese mismo, es uno de los enfermeros – Abrió el ropero y se
agachó para tomar una caja- Luego te lo presento-
Había estado contemplando la habitación. Era idéntica a la
mía. Sólo que estaba llena de la posesiones de Dougie, una púa, un par de
revistas y algunos CD’s, no sabía que podíamos traer esas cosas.
-Lara, este es Rex –
Me asomé por el borde de la caja para saludar la pequeña
lagartija. Era de unos 10 cm de largo y de color verde apagado. No muy distinta
a las cientos que ya había visto deambular por el patio de mi casa.
-Un placer Rex – Respondí en tono solemne.
Dougie acercó su oreja al pequeño reptil – Dice que
igualmente-
Reí abiertamente y él conmigo.
-Así está mejor - Dijo
luego de unos minutos de risa - ¿Sabías que cuándo te reís se marcan tus hoyuelos?
Ladeé la cabeza - ¿De qué estás hablando ahora?, en serio
Doug, sos todo un misterio-
-De esto – Estiró su mano y lo colocó sobre la comisura
superior de mis labios, dónde, efectivamente, estaban mis hoyuelos.
Puse los ojos en blanco y me aparté un paso antes de que
pudiera sentir el calor subiendo por mi rostro.
Dougie se quedo en su sitio y me escudriñó con la mirada -
¿Estás bien?-
-Sí – Respondí con menos convicción de la que esperaba.
Él arqueo las cejas, dando a entender que no me creía.
Suspiré y me senté sobre la cama des tendida. El chico se
acomodó junto a mí, con la caja en su regazo.
-Es… - Volteé el rostro, ¿por qué tenía que pasar esto justo
ahora?
-Hey – Se acercó un poco más a mí y puso la mano sobre mi hombro – Si no querés
contarme entiendo, pero no te pongas así… por favor Lara.
Sacudí la cabeza mientras y lo miré directo a los ojos. El
llanto aumentó de repente, volví a secar las lágrimas con la manga de mi buzo –
Perdón - Contesté con un hilo de
voz antes de que las lágrimas volvieran.
Dougie dejó a Rex en suelo y me rodeó con un sus brazos en
un cálido abrazo – Está bien – Susurro mientras secaba una de mis lágrimas.
Nos mantuvimos en silencio y en la misma posición un tiempo
largo. No sabría decir cuánto, puesto que en cierto punto me perdí embobada con
el olor de su perfume. Fue entonces cuando me di cuenta de que ya me estaba aprovechando de las buenas intenciones
del chico.
Tomé una gran bocanada de aire y me sorbí la nariz sin
embargo él no me soltó de su agarre.
-Estás toda roja e hinchada-
-¿Dónde quedo la delicadeza?- Me burlé y le proporcioné un
golpe en el hombro –
-De todas formas, me gusta más cuando sonreís – Aclaró acariciando
mi mejilla.
Contuve la respiración unos instantes. Parecía como si mi
cuerpo se hubiera paralizado bajo su tacto. Me temblaban las rodillas, de haber
estado parada seguro me hubiera caído. ¿Qué tenía este chico que me alteraba
tanto?
Unos golpes inesperados en la puerta nos devolvieron a ambos
a la realidad.
-Ya es tarde – Un hombre de tez morena con traje de
enfermero, quién asumí debía ser el famoso Ben, se asomó – Lo siento pero deberían volver –
Mis mejillas volvieron a enrojecer al notar que todavía estábamos
extremadamente cerca el uno del otro. Rápidamente nos separamos. Dougie guardó
a Rex nuevamente en el armario y salimos del cuarto.
un buen capitulo.... Realmente son fantasticos todos te felicito por escribir tan bien y cada que subas capitulo lo leere ....
ResponderBorrar--->AzUuL<---
Muchas gracias! Me alegro de que te gusten y espero siga siendo así :)
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